Valores duraderos

Valores duraderos

Domingo XXXIII del tiempo ordinario

Ml 3, 19-20a / Sal 97 / 2Ts 3, 7-12 / Lc 21, 5-19

 

“He aquí que llega el día, ardiente como un horno, en el que todos los orgullosos y malhechores serán como paja”.

Se acaba el año litúrgico y en la misa se nos leen pasajes bíblicos que nos ayudan a entender el mundo y a distinguir las apariencias, que perecerán, de los valores que perduran. Y se nos anima a cultivar lo duradero sin entretenernos en lo aparente.

 

“Nos hemos enterad de que algunos viven desordenadamente, sin trabajar, antes bien metiéndose en todo”.

El ocuparse de lo duradero –advierte san Pablo en su carta a los tesalonicenses- no significa estar mano sobre mano. Porque se necesita ganarse el pan para promover, a la vez, valores como la cultura, la fe o la justicia.

 

“Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida”.

Comulgando nos transformamos y nos capacitamos para cambiar a mejor este mundo perecedero. Veremos así desaparecer tantas apariencias efímeras y nacer realidades perdurables, que nos darán esperanza en el Dios que llega para “regir el orbe con justicia y los pueblos con rectitud”. Y seremos más felices y haremos felices a muchos. Y, no para un momento corto, sino para la eternidad.