Un decálogo para el verano

Existen muchos y variados consejos veraniegos para pasar el tiempo de descanso como algo más que perder el tiempo. Lecturas, recomendaciones, recordatorios… Desde esta página, queremos ofrecer tambien una pequeña recopilación de los mismos.

Primero: A pesar del calor y la incomodidad que puede suponer, no dejes de amar al Señor tu Dios; recuerda que debe ser un amor sobre todo las cosas; ofrécele tu descanso, recuérdale por la mañana y en la noche, agradécele este tiempo especial; y no olvides algún recuerdo durante el día. Entre todo puede suponer cinco minutos. Recuerda que el día tiene 24 horas.

Segundo: No te conviertas en un grosero para disimular tu condición de cristiano. Ofender a Dios no te va a convertir en mejor persona, ni tan siquiera entre los que te encuentres. Vacaciones no significa que todo salga redondo. Si hay dificultades o contratiempos, no eches la culpa a Dios. Vacación no es sinónimo de perfección.

Tercero: Si eres capaz de cumplir con Dios durante el año, cuando estás cargado y agobiado por el trabajo y la familia, ¿qué te cuesta acercarte a la parroquia o lugar de culto más cercano para cumplir con la Misa dominical? Y cuando lo hagas, vete dignamente. Nos ofendería si una persona se presenta en nuestra casa en bañador o medio desnudo a visitarnos; pues no lo hagas en la Casa de Dios. Y pierde el respeto humano. Si rezas y comulgas en tu parroquia, ¿por qué no en una que no te conocen?. Eso sí, acercate a la Sagrado Banquete con el alma limpia.

Cuarto: Aprovecharás la temporada estival para reforzar los lazos familiares, quizás más relajados o más en tensión durante el resto del año.

Quinto: No matarás el tiempo, sino que tu merecido descanso será más cambio de actividad que aburrimiento malsano y atrofiante.

Sexto: También en vacaciones, el sexto precepto del decálogo nos llama a vivir la sexualidad y la castidad según los distintos estados de la vida y según la ley de Dios y de su Iglesia.

Séptimo: No robarás un verano inmerecido, ni abusarás de los dones de la naturaleza en contra de Dios, su único dueño.

Octavo: Cuidarás especialmente de la lengua durante las vacaciones, evitando el chismorreo, la crítica fácil y la calumnia, siempre más peligrosas que una tormenta de verano.

Noveno: También en vacaciones, guarda la pureza del corazón, del cuerpo, de la mente, de la imaginación, de los pensamientos y de los deseos.

Décimo: No desearás vacaciones desproporcionadas, pero procurarás tener lo que merecéis tú y tu familia, sin olvidar a los que este año tampoco podrán veranear.

En resumen, aunque sea en vacaciones, recuerda que lo más importante sigue siendo amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nostros mismos.

¡Buen verano!