Si todos los curas fueran buenos…

El ideal

Pues, sería maravilloso, amigo mío; precisamente ese es un ideal que persigue la Iglesia desde el momento mismo de su fundación por Jesucristo. De modo que en esto estamos de acuerdo.

Pero si el hecho de que hay malos sacerdotes es tu argumento favorito para sostener tu propia «irreligiosidad», entonces ahí sí que ya no estamos de acuerdo.

La religión

La religión te sirve para arreglar tus asuntos con Dios y salvar tu alma. ¿No te parece?

Pues entonces la parte de la Iglesia que más te interesa, son los Sacramentos, ya que éstos te dan la gracia de Dios y te proporcionan la salvación eterna. Ahora bien, los Sacramentos tienen igual valor ante el Señor administrados por un sacerdote bueno o por un sacerdote malo, pues ellos dan gracia por sí solos, no por quien los administre.

Osea: Cuando un sacerdote malo deja correr por la frente de un niño el agua del Bautismo, se le borra el Pecado Original como si le hubiera bautizado el mismísimo san Carlos. Borromeo. Cuando un cura absuelve los pecados en la Confesión, éstos son perdonados sea cual sea su conducta moral, pues no es él quien te perdona, es Dios a través de él. Es tan legítimo un esposo o una esposa ante el Señor, cuando han sido casados por un sacerdote pecador, como si hubieran sido unidos por un mártir de la Iglesia. Y así es igual para con todos los Sacramentos

Las consecuencias

¿Te persiste la duda? Oye: Cuando embarcas para el extranjero y pasas por la Aduana para entregar tu pasaporte, ¿te preguntas si el que firmó tu pasaporte es acaso mal padre de familia o es ladrón? No, ¿verdad? Basta con que esté firmado por el Gobernador, sea moral o no.

Igual sucede en el Cielo, amigo mío; tu pasaporte de salvación eterna, te servirá para entrar en el Reino de la Gloria si lleva la firma de un Ministro del Señor, sea cual sea su conducta aquí en la tierra.

Y aquí… en confianza… ¡Ni tanto ni tan calvo! No hay tantos sacerdotes malos como las malas lenguas dicen. No hay profesión que tenga en sus listas mayor número de hombres virtuosos y menor de pecadores, que la profesión sacerdotal. Recuerda los santos, los mártires, los misioneros, los que trabajan en leproserías y hospitales, los que abandonan su patria, su familia, su cómoda posición social, por entregarse a Dios completamente, por ir a mendigarte a tí la salvación de tu alma.

Un consejo

No murmures de los malos sacerdotes, compadécelos; son dignos de lástima. ¡Tremenda responsabilidad tienen ante Dios, amigo mío! No quieras tú estar en el pellejo de ellos cuando comparezcan ante el Señor. Pero no guíes tus actos por su comportamiento, pues debe interesarte la salvación de tu alma sobre todas las cosas.

La Iglesia no tiene culpa de que algunos salgan malos. Sería en todo caso responsable si no se preocupara de ello. Pero… ¡Cuánto se preocupa la Iglesia porque sus ministros sean dignos del elevado papel que desempeñan! Ahí tienes la estricta selección para escogerlos. No cualquiera puede llegar al sacerdocio.

Ahí tienes la dureza de su carrera. ¡12 años, amigo! ¡Piénsalo! 12 años de duros estudios, de sacrificios grandes, de extenuantes pruebas. La carrera más larga y en la que más se exige. Ahí tienes los duros castigos que impone la Iglesia, según el Derecho Canónico, a los sacerdotes que pecan, que apostatan, que… fallan.

Un consejo final

Pero, sobre todo esto, quiero que sea la palabra de Jesucristo la que te indique el camino que debes seguir. Quiero que sea Dios mismo el que te diga lo absurdo de tu idea: «Los escribas y los fariseos están sentados en la cátedra de Moisés» —dijo Jesús a los judíos— . «Practicad, pues, y haced todo lo que os dijeren; pero no hagáis lo que ellos hacen.» (Mateo 23, 2-3), es decir, no intentéis arreglar vuestra conducta por la suya. (Cfr. Sepa defender su fe II, Sal Terrae, colección Por qué creo).