Religión sin Virgen (Hogar sin Madre)

Permíteme que te cuente una anécdota que me impresionó. Visitando no hace mucho algunas iglesias de Londres entré en una perteneciente a la alta Iglesia Anglicana. El edificio era espléndido; observé, con sorprensa, la tradicional pila de agua bendita a la entrada, como la de las Iglesias Católicas, las estaciones del Vía-crucis en las paredes, los santos en los altares y la lámpara encendida ante el sagrario; pero donde mi impresión creció fue al ver un artístico altar, lleno de luces y flores, y, en él, una magnífica estatua de la Virgen con el niño en sus brazos. Grabado en el altar estaba esta leyenda: “What is a home without the Mother…?” (¿Qué es un hogar sin la Madre…?). Fueron necesarios cuatro siglos de orfandad, pero al fin la Iglesia anglicana está en camino de la casa materna.

Por qué Madre de Dios

Aclaremos los conceptos: Los católicos llamamos a la Virgen madre de Dios, porque es madre de Cristo y Cristo es Dios. En Cristo hay dos naturalezas, una humana, como hombre, y otra divina, como Dios, pero ambas naturalezas están unidas en una sola persona y esa persona es divina. María es madre de la naturaleza humana de Cristo, pero como esta naturaleza está unida a la personalidad divina, los católicos hablamos correctamente cuando la llamamos madre de Dios.

De dónde se deduce

Así lo dice la Biblia: El arcángel san Gabriel habló de este modo a la Virgen según lo cuenta san Lucas 1, 30-35: «He aquí que concebirás en tu seno y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús… será llamado Hijo de Dios». Santa Isabel saludó a María con estas palabras: “¿De dónde a mí que la Madre de mi Señor venga a visitarme? (Lucas 1, 43). San Pablo dice que «Dios envió a su Hijo nacido de una mujer» (Gálatas 4, 4). Citas donde claramente aparece llamada la Virgen, Madre de Dios.

En otro tiempo lo reconocieron

También Lutero y Calvino creyeron en el dogma de la maternidad divina de la Virgen. Lutero escribió: «No hay honor ni dicha comparable a la prerrogativa excelsa de ser la única persona de todo el género humano que fue digna de tener un hijo en común con el Eterno Padre». Y Calvino: «Al agradecer al cielo las bendiciones que nos trajo Jesús no podemos menos de apreciar cuán inmensamente Dios honró y enriqueció a María al escogerla para Madre de Dios».

Consecuencia

La Virgen María es también madre nuestra, no sólo porque tiene sentimientos maternales hacia nosotros. También porque nos adoptó por hijos en la cruz cuando Jesucristo le dijo: «Mujer, he aquí a tu hijo»; y, mirando a san Juan: «he ahí a tu madre». San Juan representaba a todos los hombres en aquel momento solemne.

La razón es aún más profunda y más real. San Pablo nos la enseña claramente cuando nos dice que los cristianos formamos un solo cuerpo con Cristo y que en ese cuerpo Él es la cabeza y nosotros los miembros, cuerpo místico, pero real; por eso dijo: «Yo soy la vid y vosotros los sarmientos, si permanecéis unidos a Mí llevaréis fruto».

Si Cristo es la cabeza y nosotros los miembros, la madre de la cabeza es también la madre de los miembros; no madre de nuestra vida vegetativa, sensitiva y racional sino de la vida sobrenatural de la gracia, la que salta hasta la vida eterna, la que nos vino a traer Jesucristo: «Yo vine para que tengan vida y la tengan abundante», la vida que durará siempre.

No hay título más grande que ser madre de Dios, ni hay título más tierno que ser madre nuestra, por eso los católicos honramos a la Virgen y por eso amamos a María.

(Cf. A. Llorente, Sepa defender su fe…, I, Sal Terrae, pp. 23-25).

El Catecismo

Lo resume de esta manera: “¿Por qué María es también nuestra madre? Porque Cristo, el Señor, nos la dio como madre. «Mujer, ahí tienes a tu hijo… Ahí tienes a tu madre». En estas palabras que dirigió a Juan desde la cruz ha entendido siempre la Iglesia que Jesús confiaba toda la Iglesia a María. De este modo María es también nuestra madre. Podemos invocarla y suplicar su intercesión ante Dios.