Nueva ampliación y título de Con-catedral

La antigua capilla parroquial y torres, situada a los pies, desdecía del nuevo templo, lo que animó al cabildo a acometer un problema que arrastraba desde antiguo con las torres de corta altura y pobre estructura. Así, pues, se decidió la costosa construcción de las dos torres actuales con la portada alojada entre ellas, además de la capilla de los Ángeles actual. Fue empeño, fundamentalmente, del obispo Espejo quien, en 1742, se comprometió con todos sus bienes en la empresa; en esta fecha estaba ya comprometido el maestro Juan Bautista de Arbaiza con su proyecto y contrato de dirección; luego entraría también Martín de Beratúa. En agosto de 1756 se daban por finalizadas las obras de las dos torres, elementos emblemáticos para la ciudad.

Plano 3
Planta de la construcción actual

Proyectar la capilla, el espacio entre el templo y las torres, le costó a Juan Bautista Arbaiza 4 años, hasta que, al fin, en 1746, el cabildo aprobó su traza, la cual consistía en un recinto de planta octogonal y una amplia cúpula. Trabajaron en ella los maestros de cantería Martín de Beratúa y Martín de Arbe, y las obras se extendieron siete años más que las torres, hasta 1763; el 3 de septiembre de ese año se conmemoraba el final de las mismas con una salve cantada.

La desafortunada ley de desamortización hizo que en el siglo XIX la iglesia redujera su actividad, pues hubo que suprimir personal a causa de los reducidos ingresos en el templo. Este hecho produjo también un cierto desorden en las parroquias de Logroño que el obispo Puyal y Poveda trató de paliar en 1815, demarcando y señalando nuevos límites entre ellas. San Bartolomé se incorporó a Palacio y San Blas a la Redonda, quedando las tres principales: Santa María de la Redonda, Santa María de Palacio y Santiago, las cuales quedan precisamente delimitadas e igualadas con unos seiscientos vecinos cada una.

El Concordato de 1851 decretaba que: “La silla episcopal de Calahorra y La Calzada se trasladará a Logroño, cuando en esta ciudad se halle todo dispuesto al efecto y se estime oportuno, oídos el prelado y los cabildos” (art. 5).

Ese mismo año se piden informes para que La Redonda se convierta en Con-catedral y las posibilidades de su remodelación a fin de poseer una girola, cosa que queda materializado en 1959 cuando el Papa Juan XXIII le concede el título de Con-catedral, quedando incorporada al título diocesano, que, a partir de entonces, será de Calahorra y La Calzada-Logroño.

Gracias a esta remodelación se consolidaron las columnas del templo, se realizó una instalación de calefacción, se construyó el deambulatorio derribando la sacristía de la capilla de D. Pedro González de Castillo y se edificó la casa parroquial con la sacristía, sala capitular, y otras dependencias, quedando en su aspecto actual.

El traslado de la Sede nunca llegó a materializarse por la fuerte oposición de la ciudad de Calahorra y las revueltas callejeras de los habitantes del lugar.