Luz y vida para el Año Nuevo

Domingo 2º después de Navidad

Si 24,1-2.8-12 / Sal 147 / Ef 1,3-6.15-18 / Jn 1,1-18

 

La sabiduría hace su propia alabanza, encuentra su honor en Diosy se gloría en medio de su pueblo.

La pedimos para nosotros y para todos al comienzo del nuevo año y hacemos el propósito sincero de cultivarla, ejercitarla y propagarla a nuestro alrededor ¡La necesitamos!

 

Nos predestinó a ser hijos adoptivos suyos por Jesucristo, conforme a su agrado; para alabanza de la gloria de su gracia, de la que nos colmó en el Amado.

¿Se notará nuestra condición de Hijos de Dios en nuestros comentarios positivos, en nuestra honradez a toda prueba, en nuestra solidaridad con quienes lo están pasando mal? ¡Cambiarían muchas cosas a nuestro alrededor si de verdad nos tomamos en serio nuestra condición de hijos del mejor de los Padres!

 

De su plenitud todos hemos recibido gracia tras gracia.

Cada comunión es fruto de esa plenitud divina que se nos ha dado y, por eso, comulgar nos permite ser más fraternos, más perdonadores, más solidarios. Es justo lo que necesitamos para que este nuevo año, recién comenzado, sea muy dichoso y lleno de regalos como el que nos traen siempre los Reyes Magos: un aumento de fe en el Niño de Belén, que es “Dios con nosotros” ¡Felices Reyes!