Le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.

Domingo 16º del Tiempo Ordinario – Ciclo B

«A los pastores que pastorean mi pueblo» (Jeremías 23, 1-6)

En varias ocasiones amonesta Dios a su pueblo por su comportamiento desleal a su pacto con Él. Hoy lo hace con quienes tienen la obligación de ser los primeros, los más responsables a la hora de cumplir lo encomendado. A ellos se les encomienda el cuidado del pueblo de Israel, pero las comodidades, los miedos a padecer por decir la verdad y las presiones sociales atenazan esta responsabilidad. Recordemos la lectura del domingo anterior, cuando al profeta Amós se le conmina a que se vaya de «Casa de Dios» a profetizar a otro lado, porque molesta con sus profecías. Extender la Palabra de Dios conlleva esas incomodidades, las cuales no deben ser motivo para no cumplirlas.

«Él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa» (Efesios 2, 13-18)

San Pablo explica a los de Éfeso una realidad que aún hoy nos cuesta entender. No hay contraposición entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, sino complemento; ambos son necesarios y quedan sellados con la muerte de Cristo en la cruz. El Antiguo era necesario para preparar el Nuevo que trae Cristo, en el cual la Ley no es algo externo, sino que ha quedado impresa en el interior del ser humano. Así ambos quedan unidos para poder acercarnos más fácilmente a la meta, que no es otra que el encuentro con Dios Padre.

«Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar» (Marcos 6, 30-34)

No es la primera vez que el Señor muestra este deseo a sus discípulos. En este caso es la continuación del ajetreo de ir de dos en dos a los distintos lugares a extender la Palabra de Dios, probando así a sus discípulos en este menester. Vuelven contentos porque ven cómo de sus manos y sus palabras brotan anhelos de algo distinto a lo que está acostumbrada la población; la Buena Nueva no ata fardos pesados en la conciencia de los fieles, ni exige para ellos lo que no están dispuestos a dar sus autoridades, ni declara impureza lo que es una enfermedad. Ellos hablan del Reino de Dios, del descanso del alma, de la conciencia de sentirse Hijos de Dios, de ese mundo nuevo que se descubre con la mansedumbre y la piedad. Bien lo entendieros los oyentes, pues inmediatamente una multitud seguía dispuesta a seguir escuchando la Buena Nueva.