La verdadera liberación

Domingo II del tiempo ordinario
Is 49,3.5-6 / Sal 39 / 1Co 1,1-3 / Jn 1, 29-34

 

Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta los confines de la tierra

Jesús es el siervo que los profetas anuncian como salvador y luz de los pueblos. Ojalá aprendiéramos que la obediencia liberadora a su ley, que es ley de amor, entrega y servicio, es lo que libera al mundo.

 

Pablo, llamado a ser apóstol de Jesucristo, por voluntad de Dios. Gracia y paz de parte de Dios.

En estos primeros domingos del tiempo ordinario leeremos las partes más significativas de la primera carta de San Pablo a los Corintios, que comienza subrayando su personalidad como fundador y responsable de la comunidad y que no desea a los suyos buena suerte, salud y dinero, sino gracia y paz de parte de Dios.

 

Al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: “Este es el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”.

Escuchamos, en el evangelio de la misa de hoy, un mensaje que necesitamos oír las personas y la sociedad entera, especialmente en momentos como los que vivimos: que el bien triunfará y el mal será derrotado, pero que la victoria exige, nada menos, que la entrega incondicional del único verdadera y totalmente inocente, Jesucristo, y nuestra propia entrega. Viendo el sacrificio de Cristo ¿nos vamos a negar a sacrificarnos también nosotros?