La generosidad frente a la ingratitud

Domingo 27º del Tiempo Ordinario – Ciclo A

Isaías 5, 1-7: Sal 79, 9.12.13-14.15-16.19-20; Filipenses 4, 6-9; Mateo 21, 33-43.

“Voy a cantar… un canto de amor a su viña”

Y, ¿qué más podía hacer el dueño por su viña? Físicamente hizo lo posible por que fuera fértil. La puso en las mejores manos; la cuidó con todas sus posibilidades. Pero su fruto fue decepcionante. Es así como el profeta resume la historia puntual del Pueblo de Dios. A pesar de sus cuidados y mimos, no hay mucha diferencia entre los paganos y el pueblo de sus desvelos. Es más: en ocasiones, aún su comportamiento es peor que el del resto de los pueblos. Su decisión drástica – el destierro – hará reflexionar al pueblo de Israel, el cual fuera de su tierra lloraba y anhelaba las delicadezas de Yahvé.

“Y la paz de Dios, …, custodiará vuestros corazones”

En sus sabios consejos, san Pablo resume algo que en ocasiones se olvida. Si en los domingos anteriores nos invitaba a no tener miedo a la muerta ni a la vida, en esta ocasión puntualiza que debemos aprovechar todo lo bueno venga de donde venga, para nuestro beneficio. “Todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta”. Esto nos anima a analizar las cosas, los comportamientos, el pensamiento, y a quedarnos con lo mejor. Lo decía también el Evangelio del domingo pasado, donde el Señor afirma que “los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera…” porque creyeron, y no como los fariseos que conocían demasiado la Ley, pero nunca la ponían por obra.

“Y arrendará la viña a otros labradores”

El Evangelio abunda en el ejemplo de Isaías, pero en esta ocasión más drástico que el del profeta. No tiene la culpa su viña, sino los arrendatarios y su avidez y ambición. La costumbre de manejar a su antojo algo que no es suyo, les empuja no solamente a maltratar a los enviados del dueño, sino a maquinar la muerte del heredero para quedarse con la herencia. Es la ingratitud del corazón humano. Ante la misericordia de Dios, responde con el desprecio, con la duda de su existencia, con la blasfemia, con aliarse con el Maligno. A pesar de enviar a su Hijo para recordarnos de quién es la viña, se sigue obrando como si fuera algo humano, independiente de Dios. Cuando el corazón humano se deteriora, la supuesta solución es pensar que a nadie debemos dar cuenta de nuestros actos, sean cual sean.