Hambre de Cristo

Hambre de Cristo

Domingo I de Cuaresma

Gn 2,7-9; 3, 1-7 / Sal 50 / Rm 5, 12-19 / Mt 4, 1-11

 

La mujer se dio cuenta de que el árbol era bueno de comer, atrayente a los ojos y deseable para lograr inteligencia; así que tomó de su fruto y comió. Luego se lo dio a su marido que también comió.

A tiempo llega la Cuaresma a recordarnos que “sofocar la fuerza del pecado” es posible, porque Cristo el Señor nos capacita para ello. Jesús es el nuevo Adán que permaneció fiel allí donde el primero sucumbió a la tentación.

 

Lo mismo que por un solo delito resultó condena para todos, así también por un acto de justicia resultó justificación y vida para todos.

La cuaresma, es una invitación a superar el pecado con generosidad y valentía, buscando sin descanso el auténtico amor liberador: el que pasa por la cruz y el triunfo victorioso de Cristo, del que participamos por los sacramentos y en especial por la Eucaristía y la confesión.

 

Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre y el tentador se le acercó.

En la misa de este primer domingo de cuaresma, rezamos al Señor: Al recibir el pan del cielo que alimenta la fe, consolida la esperanza y fortalece el amor, que sintamos hambre de Cristo, pan vivo y verdadero y que vivamos constantemente de toda palabra que sale de la boca de Dios. Que la cuaresma, vivida con ayuno, oración y limosna, nos lo alcance ¡Feliz y provechosa cuaresman y limosna, nos lo alcance ¡Feliz y provechosa cuaresma!