En torno al “Voto de San Bernabé” (y 2)

El 5 de abril de 1538, ante Diego de Salcedo, Martín de Albiztur, y Lope de Zárate, Francisco Ortiz de Zárate, escribano de su majestad y del número de la dicha ciudad de Logroño, copiaba de los libros del Concejo y Ayuntamiento el documento conocido como “Voto a san Bernabé de esta ciudad (de Logroño)”.

La Real Academia de la Lengua Española, en una de sus acepciones, designa el voto como: “Ofrenda dedicada a Dios o a un santo por un beneficio recibido”. Si la fuente de la definición es la teología, dirá que: “El voto (del latín voveo: prometo, consagro) es una práctica común en las religiones. Consiste en dedicar a la divinidad un bien para expresar gratitud por una gracia recibida”. Tal voto cesa cuando ha transcurrido el tiempo fijado para el cumplimiento de la obligación, cuando cambia sustancialmente la materia de la promesa, cuando desaparece la condición de la cual depende, o bien a través de la dispensa o de la conmutación. Para la teología, por tanto, el voto es un acto de culto a la divinidad que obliga seriamente a quien lo realiza.

De ahí el interés de conocer en qué consistió realmente este llamado «Voto de San Bernabé» que la ciudad de Logroño ofreció al santo.

 

Voto de San Bernabé

La forma que se ha de tener en el cumplir del Voto de San Bernabé permanentemente:

[introducción]

La forma que los señores Justicia y Regimiento, que fueron en este presente año de mil quinientos veintidós, con voto y parecer de la mayor parte de la ciudad convocada y llamada para solemnizar la festividad del señor san Bernabé, así por este presente año que fue de comienzo de ese festejar y solemnizar, como por de aquí adelante en el dicho Regimiento y ciudad de los que sucedieren en cada un año, lo hayan de hacer por voto solemne por la inmensa y grandísima merced que Dios Nuestro Señor y su bendita Madre, la Virgen Santa María, a esta ciudad en la víspera de la tal fiesta hizo en la muy señalada victoria que ésta muy noble y muy leal ciudad de Logroño hubo contra el ejército de los franceses que sobre ella vinieron y la cercaron, que eran y se dijo haber en el dicho ejército veintiocho mil hombres de pelea.

Y porque los que sucedieren de aquí adelante se animen, y por los convidar a virtud, siendo corregidor en la dicha ciudad el señor Licenciado Villegas, con la ciudad de Calahorra y villas de Alfaro y Laguardia, y regidores el bachiller Diego Jiménez de Cabredo y Pedro de Enciso y Gonzalo de la Parte, el procurador mayor Francisco de Vergara, y diputados Diego de la Cervilla, y Prudencio de Tobalina, y Pedro de Angulo, y Lope Rodríguez de Villoslada, y Francisco de la Torre, y Diego de Enciso y Diego de Ventosa, y Juan de Fuenmayor, y Juan González del Cortijo, y en presencia de mi Juan de Ibarra, escribano de sus cesáreas y católicas Majestades, y del número de la dicha ciudad de Logroño, y escribano del Consejo y Ayuntamiento en dicho año, y mayordomo de la dicha ciudad Justo Rodríguez de Valladolid, ordenaron que para ahora y para siempre jamás, por voto perpetuo por la Justicia y Regimiento que es, y fuere, juntamente con toda la ciudad y vecinos de ella, la dicha fiesta solemnicen en la forma siguiente:

[La víspera día 10 de junio]

[Solemnes Vísperas]

Lo primero, que la víspera de San Bernabé, que fue el día que los franceses levantaron el real, se junten después de comer los del Regimiento con la Justicia, y vayan a Vísperas a la iglesia de donde hubiere de salir la procesión, que fue este año de mil quinientos veintidós, de Santiago, y fue a Palacio, y donde ha de salir el año de 1523 y venir a San Bartolomé, y el año de 1524 ha de salir de San Bartolomé y venir a La Redonda, y vuelvan a Santiago, y el año de 1525 salga de Nuestra Señora de la Redonda, y así por turno perpetuamente. Y la persona que fuere de Ayuntamiento y no viniere al Magnificat pague medio real; y el que no viniere a todas las Vísperas, pague un real.

[Fuegos, luminarias y campanas]

Yten, que la víspera de San Bernabé, en la noche, hagan fuegos en las calles y puertas, y luminarias en las ventanas, porque esto hace mucho solemnizar, y se hagan repicar las campanas de todas las iglesias.

[El día de San Bernabé, 11 de junio]

[Solemne procesión]

Yten que el día de San Bernabé haya procesión general, que vaya la Justicia y Regimiento con todo el pueblo, acompañando la cruz y cruces de la iglesia donde le viniere por turno donde saliere, según arriba se dice, y está concertado; y vayan en procesión cada año a un monasterio, a Nuestra Señora de Valcuerna, o a San Francisco – este año de 522 fuimos a Valcuerna, y el año que viene, de 23, han de irse a San Francisco, y así cada año yendo al uno o al otro monasterio por turno –. Y el Procurador mayor de esta ciudad ha de ir en la procesión llevando la bandera de la ciudad. Han de ir de la gente más principal quince o veinte hombres, aderezados en cuerpo, acompañando la dicha bandera, hasta volver al dicho Procurador mayor a su casa y hacer decir en la iglesia donde viniere la procesión la Misa mayor con mucha solemnidad; y ha de haber sermón en la dicha iglesia para que la gente dé gracias a Nuestro Señor y a su bendita Madre por las mercedes que a esta ciudad hizo en tal día y tiempo, y para rogar a Dios por los que en el cerco murieron o se hallaron en favor de esta ciudad, y ha de sermonar en la iglesia a donde tornare de tal monasterio la procesión, y así en cada un año por turno.

[Toros para la fiesta]

Yten, después de comer de la fiesta de San Bernabé se han de correr tres o cuatro toros, porque queden dos de ellos para San Juan, y han de matar el uno o dos de ellos. Ha de ir el Procurador mayor, además de los otros señores del Regimiento, a ver los toros a la dicha alhóndiga, y allí se dé a todos una honrada colación o merienda, a costa de los cotos, porque esto es honra de la ciudad, pues lo es de su Procurador mayor.

[Día 12: Misa de Sitio y comida]

Yten, que el día siguiente hayan de ir muy de mañana los señores Justicia y Regimiento a la Iglesia donde volviere la procesión, y hacer decir una Misa cantada de réquiem por las ánimas de los que en el cerco perecieron y fallecieron en favor de la ciudad, como dicho es. Y la Justicia o persona de Ayuntamiento que a la dicha Misa no viniere, pague un real después de la dicha Misa. Y el mayordomo tenga avisado de comer para los pobres el toro que el día de antes se matare, y pan y vino. Y los dichos señores Justicia y Regimiento sirvan al comer de los pobres, y la persona del regimiento que no se hallare al dicho servicio de los pobres hasta comer, pague dos reales.

Yten, que después que hayan comido los pobres, tenga el mayordomo de la ciudad aderezada una honesta comida de ternera y pierna de carnero y vaca y tocino para los dichos señores y no haya otro manjar, porque no haya gastos desordenados, según que en otros comeres, porque no parezca se hace servicio por solamente comer.

[Perpetuidad del Voto]

Yten, que en cada un año para siempre jamás, todos los hombres elegidos por sus personas de Regimiento, cada un año, cuando fueren por tales admitidos en los oficios, sean obligados a jurar los capítulos susodichos y que los guardarán y cumplirán fielmente, así como los otros estatutos y ordenanzas que es costumbre de jurar al tiempo que por tales personas de Regimiento fueren elegidos y admitidos, honor de esta fiesta y tan señalada merced y victoria. Y este presente año de 1522 años se hizo y principió y cumplió lo susodicho por los dichos señores Justicia y Regimiento. Juan de Ibarra.

[Copia del original]

Este Voto saqué yo, Francisco Ortiz de Zárate, escribano de sus Majestades y del número de la dicha ciudad de Logroño de los libros del Concejo y Ayuntamiento de esta ciudad, a donde tienen asentados los votos de esta ciudad y el Concejo y Ayuntamiento de ella, a veinticinco días del mes de abril de este dicho presente año de mil quinientos treinta y ocho años, siendo presentes por testigos Diego de Salcedo y Martín de Albiztur y López de Zárate, hijo de mi el dicho escribano, vecinos de esta dicha ciudad.