El rezo del Rosario en el mes de mayo

El rezo del Rosario en el mes de mayo

En el mes de octubre de 2002, san Juan Pablo II nos sorprendía con una preciosa Carta Apostólica titulada “El Rosario de la Virgen María”. En ella abogaba por mantener viva y potenciar esta preciosa oración mariana que debía convertirse, en este tercer milenio, en una oración de profundo significado destinada a producir grandes frutos de santidad. “El Rosario, en efecto, aunque se distingue por su carácter mariano, es una oración centrada en la cristología. En la sobriedad de sus partes, concentra en sí la profundidad de todo el mensaje evangélico, del cual es como un compendio. En él resuena la oración de María, su perenne Magnificat por la obra de la Encarnación redentora en su seno virginal. Con él, el pueblo cristiano aprende de María a contemplar la belleza del rostro de Cristo y a experimentar la profundidad de su amor. Mediante el Rosario, el creyente obtiene abundantes gracias, como recibiéndolas de las mismas manos de la Madre del Redentor” (RVM n. 1).

 

La intensa relación de san Juan Pablo II con la Virgen María y el Santo Rosario, impactó mucho al Papa Francisco, que nos dejó el siguiente testimonio: “Si no me equivoco fue en el año 1985. Una tarde fui a rezar el Santo Rosario que dirigía el Santo Padre (Juan Pablo II). Él estaba delante de todos, de rodillas. El grupo era numeroso. Veía al Santo Padre de espaldas y, poco a poco, fui entrando en ora-ción. No estaba solo: rezaba en medio del pueblo de Dios al cual yo y todos los que estábamos allá pertenecíamos, conducidos por nuestro Pastor. En medio de la oración me distraje mirando la figura del Papa: su piedad, su unción era un testimonio. Y el tiempo se me desdibujó; y comencé a imaginarme al joven sacerdote, al seminarista, al poeta, al obrero, al niño de Wadowice… en la misma posición en que estaba ahora: rezando Ave María tras Ave María. Y el testimonio me golpeó. Sentí que ese hombre, elegido para guiar a la Iglesia, recapitulaba un camino recorrido junto a su Madre del cielo, un camino comenzado desde su niñez. Y caí en la cuenta de la densidad que tenían las palabras de la Madre de Guadalupe a san Juan Diego: «No temas. ¿Acaso no soy tu Madre?». Comprendí la presencia de María en la vida del Papa. El testimonio no se perdió en un recuerdo. Desde ese día rezo cotidianamente los 15 misterios del Rosario”. (Revista 30 días. 2005, nº4. Testimonio del Cardenal Bergoglio sobre Juan Pablo II).

 

En el trascurrir de los años vienen también a mi memoria muchos momentos en los que el rezo del Rosario ha sido protagonista, especialmente, de la ora-ción en el seno de mi propia familia. Recuerdo que mis padres nos exhortaban a rezarlo en distintos momentos y a pedir en cada misterio por las necesida-des de la familia, de la Iglesia y de todos los hombres. También en las parroquias donde ejercí ministerio sacerdotal, se rezaba siempre el Rosario antes de la Misa de la tarde.

 

El rezo del Rosario no es una prácti-ca piadosa del pasado que en este mo-mento ha quedado ya desfasada. El considerar los misterios del Rosario en el sucederse armónico de las Ave Marías recitadas, se convierte en una sencilla pero practica meditación bíblica, que nos posibilita recorrer los acontecimientos más importantes de la vida del Señor en compañía de Nuestra Madre, conservándolos en nuestro corazón. Recordando la relación inseparable entre la Palabra de Dios y Santa María, el Papa Benedicto XVI animaba a rezar el santo Rosario en sus misterios gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos acompañando “el anuncio de cada misterio con breves pasajes de la Biblia relacionados con el misterio enunciado, para favorecer así la memorización de algunas expresiones significativas de la Escritura relacionadas con los misterios de la vida de Cristo” (Verbum Domini nº 88).

 

Os invito a vivir con intensidad este mes de Mayo, mes de María, con el rezo del Rosario. En muchos pueblos y parroquias se reza en comunidad agradeciendo a la Virgen su protección y cercanía, en las diversas advocaciones que salpican la geografía riojana. También animo a los logroñeses a unirse al Rosario de la Aurora del próximo 25 de mayo. Una sencilla tradición que se va consolidando en la devoción mariana de nuestra ciudad.

 

A María le encomendamos los trabajos de nuestra Misión Diocesana EUNTES. Que ella nos lleve a todos los diocesanos a una conciencia cada vez más clara de nuestra misión evangelizadora como testigos del Señor Resucitado.