Él conoce a cada hombre

Domingo 3º de Cuaresma – Ciclo B

Éxodo 20, 1-17; Sal 18, 8.9.10.11; 1 Corintios 1, 22-25; Juan 2, 13-25.

“Yo soy el Señor, tu Dios”

Yahvé pone condiciones a la gracia concedida a su pueblo. No le gusta compartir el corazón de su pueblo con los dioses falsos, y exige que haya unos comportamientos y modo de vida agradables para Él. Se define como un Dios celoso que castiga a quien le ofende incluso en generaciones posteriores, pero es un Dios misericordioso cuando se le ama correctamente, perdurando esta misericordia en toda la descendencia “por mil generaciones”. Recibe satisfaccción, en definitiva, cuando su pueblo se conduce a la luz de los diez mandamientos que explica con ejemplos concretos.

“Nosotros predicamos a Cristo crucificado”

San Pablo sigue insistiendo en su carta a los de Corinto en aclarar cuál es el centro de la nueva que trajo Jesús de Nazaret. Mientra el mundo clásico se devana el seso en encontrar signos o en fundamentar sus filosofías en la sabiduría, Pablo contrapone el “escándalo” para los judíos y la “necedad” para los gentiles; es decir, a Jesús muerto en una cruz. Y es que, si miramos la muerte del Señor en la cruz desde el punto de vista humano, eso sería también para nosotros. Pero mirado desde el punto de vista de los planes de Dios Padre, se convierte en sabiduría y fuerza de Dios; se convierte en salvación y en redención para hacernos hijos de Dios en el Hijo.

“Él sabía lo que hay dentro de cada hombre”

Es posible que la lectura del Evangelio de hoy sirva, en algunos casos, para la demagogia, la contraposición de una u otra forma de entender la liturgia, incluso de reivindicar algún que otro fragmento revolucionario. Pero es indudable que sirve para reflexionar, para cada uno de nosostros, qué significa el templo; sí, el templo material, el edificio donde se celebra la liturgia. Para cualquier otra confesión, el templo no deja de ser un lugar de reunión, un local donde se canta y se reza; para quienes creemos en la Eucaristía y en la presencia real de Cristo en ella, es la casa donde habita y permanece hasta que es consumido. Lo cual significa que no puede ser igual el comportamiento. Si vamos a casa de un amigo, le saludamos a él y a la familia, tenemos un comportamiento cortés con ellos, y somos educados en nuestras maneras y formas. ¿Eso mismo hacemos los católicos cuando entramos o estamos en una iglesia, en un templo? Pues saquemos consecuencias.