Ejercitar nuestros talentos

Domingo 33º del Tiempo Ordinario – Ciclo A

Proverbios 31, 10-13.19-20.30-31; Salmo 127, 1-2.3.4-5; Tesalonicenses 5, 1-6; Mateo 25, 14-30.

“Que sus obras la alaben en la plaza”

Precioso fragmento del libro de los Proverbios, aunque los vientos actuales apunten hacia otros lados. Entretenidos en palabrerías huecas, queremos algo, pero no sabemos muy bien qué. Pedimos igualdad, respeto, equiparación; pero ¿en qué? Si se incentivan los defectos como derecho y se piensa que por cobrar el mismo salario ya se tiene todo conquistado, ¿dónde quedan los sentimientos, los valores, las virtudes específicas? “Engañosa es la gracia, fugaz la hermosura, la que teme al Señor merece alabanza. Cantadle por el éxito de su trabajo, que sus obras la alaben en la plaza”; mejor no se puede decir.

Llegará como un ladrón en la noche”

San Pablo sigue alentando a los de Tesalónica a vivir la esperanza que han aprendido con la Buena Nueva. Ante la inquietud que provocan algunas verdades, no fáciles de entender por nuestra capacidad limitada, les va iluminando esas preguntas que suelen surgir en nuestro interior. La luz especial para lo eterno recibida en el bautismo será la que ilumine esos espacios oscuros; y como hijos de la luz, nuestra esperanza no se verá defraudada; pues, a pesar de que venga “como un ladrón en la noche”, nosotros estaremos en vela.

“¡Empleado negligente y holgazán!”

En la vida cotidiana, nadie recibe gratis nada, a no ser los paniaguados que gozan de los favores de los poderosos, los cuales regalan con abundante generosidad lo que no es suyo. Pero hasta aquellos tienen que dar algo, aunque sea una vergonzosa sumisión para recibir la prebenda. De ahí que me extrañe tanto que, cuando se trata de la gracia de Dios, se piense que a cambio no hay que hacer nada. Basta con vivir aparentemente honrados para que Dios Padre se sienta pobligado a regalarnos el cielo y la eternidad, eso si, a cambio de un arrepentimiento general un segundo antes de la muerte. Y, ¿qué hay de los generosos dones recibidos en nuestro bautismo? ¿Qué de nuestras virtudes adormecidas por la inactividad? El Señor no pide diez talentos a todos, sino que, los que tengamos, los aprovechemos y los hagamos fructificar; sean uno o sean diez, pero, al menos, el esfuerzo para que sean implementados y ejercidos. Y así, cuando lleguemos al final, recibiremos el premio sea con uno o con diez.