Dios y el prójimo

Domingo 30º del Tiempo Ordinario – Ciclo A

Éxodo 22, 20-26; Tesalonicenses 1, 5c-10; Mateo 22, 34-40.

“Si grita a mí, yo lo escucharé”

Está claro que una de las virtudes más apreciadas por Dios es la generosidad, el corazón justo, la caridad en definitiva. La generosidad es una virtud que aporta felicidad, paz interior, ilusión y alegría, porque es también una parte de la justicia. A la cual no hay que confundir con la limosna, ni tampoco asociarla al interés de obtener algún beneficio. La generosidad es un valor que se da sin esperara nada a cambio, el cual adquiere su máximo esplendor cuando se hace con naturalidad, sin afán de querer sobresalir sobre los demás, sin que se note que lo somos de verdad. Y es necesario ser generosos, porque lo contrario es ofensivo a la magnanimidad de Dios.

“Desde vuestra Iglesia, la palabra del Señor ha resonado… en todas partes”

San Pablo, no siempre dado a alabanzas, vuelve a felicitar a una de las comunidades primeras, la cual está siendo un ejemplo de vida y compromiso cristiano para las demás. No solamente vive conforme a las enseñanzas del Señor, sino que también influye con su ejemplo y testimonio en otras comunidades. Se muestra incluso orgulloso de que se hayan adelantado a su llegada a otras ciudades con lo que facilitaron su predicación. El “soberbio” Pablo, como algunas opiniones quieren presentarlo, agradece a los de Tesalónica no sólo que hayan seguido sus enseñanzas, sino, también, que las hayan extendido entre otros pueblos facilitándole su llegada.

“Este mandamiento es el principal y primero”

Si el domingo pasado Jesús nos aconsejaba “dar a Dios lo que es de Dios, y al César lo que es del César”, este domingo sigue insistiendo en que el mandamiento principal es amar “al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser”, pero con el complemento de amar “a tu prójimo como a ti mismo”. Y a eso van los Mandamiento de la Ley de Dios, porque esos diez preceptos no son negativos, sino positivos. No se trata solamente de no matar, sino de amar la vida tal y como Él nos la da; no se trata solamente de no mentir, sino de amar la verdad hasta la extenuación; no se trata de no desear lo que los demás poseen, sino respetarlo como si fuera propio; no se trata solamente de respetar al prójimo, sino de amarlo como nos amamos a nosotros mismos. En esto se resume la Ley entera. Fácil de decir, no tan fácil de cumplir, si no es con la gracia de Dios.