Dios está cerca

Dios está cerca

Domingo 1º de Adviento

Is 2,1-5 / Sal 121 / Rm 13,11-14 / Mt 24,37-44

 

“Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob. Él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas”

Las lecturas bíblicas de la misa de este primer domingo de los cuatro del adviento nos invitan a ponernos en tensión, saliendo de nuestro letargo habitual. La primera, tomada de los oráculos del profeta Isaías, es un apremio a dejar las comodidades del valle para subir a las alturas, sin enzarzarnos en discusiones sino trabajando por la paz, a la luz de Dios, en vez de a la sombra oscura de los poderosos de la tierra.

 

Nada de comilonas ni borracheras, nada de lujurias ni desenfreno, nada de riñas ni pendencias. Vestíos del Señor

Esta segunda lectura nos transmite la fuerza de un creyente auténtico como fue san Pablo, que, inspirado por Dios, escribe a los primeros cristianos algo que parece dicho para nosotros hoy ¿Le hacemos caso? El mismo san Pablo nos apremia: Dejemos las actividades de las tinieblas y pertrechémonos con las armas de la luz.

 

Estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del Hombre.

El evangelista san Mateo, cuyo evangelio iremos leyendo a lo largo del nuevo año litúrgico que hoy comienza, nos transmite estas inquietantes palabras de Cristo, que nos debieran remover: El adviento es buen tiempo para iluminar las oscuridades de la mente y corazón, buscando con ganas el bien y la verdad. Pongámosle fuerza ¡Dios está cerca!