Cuando arrestaron a Juan

Domingo 3º del Tiempo Ordinario – Ciclo B

Jonás 3, 1-5.10; Sal 24, 4-5ab.6-7bc.8-9; Corintios 7, 29-31; Marcos 1, 14-20

 

“Levántate y vete a Nínive”

Jonás recibe una misión clara por parte de Yahvé: Vete y predica. Jonás no lo duda y comienza a hacer su tarea. Los ninivitas escuchan y entienden el mensaje del profeta, hacen penitencia, se arrepienten de sus malas obras y Yahvé les perdona. Simple y sencillo. Pero sencillo, sólo cuando admitimos que las obras malas ofenden a Dios y necesitan del arrepentimiento y el cambio de vida para recibir su bendición. Pretender que es Dios quien debe cambiar ante nuestra desordenada vida no lleva a ninguna parte; será muy moderno, pero si el corazón del hombre no cambia y vuelve el mal por bien no solamente no mejorará, sino que la situación será aún peor.

“El momento es apremiante”

Nos hemos acostumbrado a pensar que “cuando llegue el fin del mundo…”, sin caer en la cuenta de que el fin del mundo acaba para cada uno cuando fallecemos. Intentamos hacernos a la idea que, entonces, unos segundos antes, podremos arrepentirnos, y nos sobra. Pero la realidad es que la carretera, un infarto, el virus que nos aqueja y tantas otras ocasiones nos puede acarrear nuestro “fin del mundo” de inmediato. De ahí que san Pablo recomienda a los primeros cristianos que menos pensar en el fin del mundo, y más en nuestra vida limpia y sincera de cara a Dios en el presente.

“Pasando junto al lago de Galilea”

Pensar que de golpe, a primera vista, Jesús eligió a sus doce más íntimos, es impensable. De ahí que no esté en contadicción la lectura del Evangelio de hoy con la del domingo pasado donde san Juan nos narraba otra versión de la vocación de los discípulos. Muchos días se acercaría a la vera del lago para ver a los fatigados pescadores que volvían con mucho o nada en sus cestaños de mimbres. Posiblemente los comentarior a su fatigosa labor hizo que fuera conociendo la nobleza y sinceridad de Pedro, la energía y brío de los “Boanerges”, la delicadeza y sinceridad de Juan, e incluso la habilidad de Judas Iscariote para disponer y negociar con los dineros. Y sólo cuando estuvo seguro de saber quién era cada uno, llegó la invitación a seguirle. Es importante la amistad con Jesús en el sagrario, si somos sinceros. Él nos convencerá de que le sigamos más de cerca, a pesar de nuestras miserias.