Con la fuerza del Espíritu Santo

Con la fuerza del Espíritu Santo

Domingo de Pentecostés

Hch 2, 1-11; Sal 104, 1, 24, 29-31, 34; 1 Co 12, 3-7, 12-13; Jn 20, 19-23.

 

“Y se pusieron a hablar en otras lenguas”

“Así como entonces un solo hombre, habiendo recibido el Espíritu Santo, podía hablar en todas las lenguas, ahora, en cambio, es la unidad misma de la Iglesia, congregada por el Espíritu Santo, la que habla en todos los idiomas” (Autor anónimo africano del siglo IV). Es la realidad de la Iglesia de Dios; “partos, medos, elamitas…”, africanos, europeos, chinos, americanos… Todos alabando a un mismo Dios y entendiendo un mismo mensaje, cada uno en su idioma. Es importante no olvidar que la universalidad es una de las notas características de la verdadera Iglesia.

 

“Hay diversidad de carismas, pero el Espíritu es el mismo”

Los humanos tendemos a la uniformodad: un único pensamiento, un único comportamiento, una única voluntad… Pero no; Dios nos ha creado libres y con la gran capacidad de pensar. Y así como el alma es igual en todos, en cuanto a su esencia, no lo es en cuanto a sus virtudes, pues cada una, además de ser única e irrepetible (porque es para siempre), está cargada de dones particulares que Dios concede a cada una. Y esa es la maravilla de la Iglesia. Está formada por almas únicas, pero adornadas con diversos carisma que nos singularizan de los demás. Entre todos formamos ese cuerpo glorioso y variado que es la Iglesia de Cristo, cuya cabeza es Él.

 

“A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados”

Que las cosas de Dios pasen por nuestras manos, a veces nos asusta y otras nos crea perplejidad. Pero si entendemos que somos instrumentos de Dios, las cosas cambian. ¿Realmente el sacerdote perdona los pecados por su fuerza o capacidad? No; lo hace como instrumento de Dios. Que tenemos la obligación de extender el Reino de Dios; cierto. Y ¿quién soy yo para eso? Nadie, porque no eres tú la garantía; es Dios que se sirve de tí para hacerlo (¡maravilloso! quiere contar con nosotros). ¿Realmente un sacerdote por sí mismo puede convertir un trocito de pan en el Cuerpo de Cristo? No; solo cuando lo hace en nombre de Cristo, como instrumento de Dios. Ese es nuestro aval; esa es nuestra garantía. No tenemos la fuerza para cambiar las cosas o las conciencias. Solo somos instrumentos de Dios, que es quien lo hace contando con nosotros. Tenemos que hacer un esfuerzo por entenderlo.