Año Jubilar Calceatense: mil años del nacimiento de santo Domingo de la Calzada

Año Jubilar Calceatense: mil años del nacimiento de santo Domingo de la Calzada

En este año de 2019 se cumple el milenario del nacimiento de Santo Domingo de la Calzada. Mil años después de su nacimiento su herencia sigue viva entre nosotros: en la ciudad calceatense que lleva el nombre de su fundador, en nuestra Diócesis, en La Rioja y en toda España, fruto de la importancia que tiene su obra en la consolidación del Camino de Santiago y en la trasmisión de la fe en Jesucristo resucitado, a través de la práctica de las obras de misericordia. Mil años han trascurrido desde entonces, pero este testigo de Je-sucristo sigue iluminando nuestro presente y puede ayudarnos a construir el futuro diocesano. Es por ello que recogiendo la propuesta del Cabildo Catedral de Santo Domingo de la Calzada y en continuidad con la celebración Jubilar del 900 aniversario de su muerte, promovida por mi antecesor el Cardenal Juan José Omella Omella, he creído oportuno con este motivo, declarar Año Jubilar Calceatense, que se celebrará entre el 25 de Abril de 2019 y el 12 de Enero de 2020. Esta iniciativa ha sido bien acogida y aprobada por la Santa Sede, que, a través de la Penitenciaría Apostólica, ha concedido las indulgencias acostumbradas para los años santos.

 

Estoy convencido de que la figura de santo Domingo de la Calzada, nos puede ayudar a percibir como creyentes la importancia de la santidad en la vida cristiana, a la que nos llama con tanta insistencia el Papa Francisco en todo su Magisterio y, singularmente, en su Exhortación Apostólica “Gaudete et Exultate”. La santidad de Domingo se puede convertir en un magnífico estímulo para el presente de nuestra Diócesis, ayudándonos a fortalecer el desarrollo de la Pastoral de la Santidad en la que estamos trabajando como objetivo fundamental en nuestra Misión diocesana EUNTES, que dio comienzo el pasado 17 noviembre en Logroño. Siguiendo las huellas del Santo calceatense, me gustaría que la alegría de nuestra salvación en Cristo nos empujase, en este año jubilar, a la proclamación gozosa de nuestra identidad cristiana que, a través de la historia, hunde sus raíces en el fundamento de Cristo. Una identidad forjada a través de los siglos y encarnada de forma privilegiada en tantos cristianos que optaron por seguir a Jesús con exclusividad y radicalidad: los santos. El ejemplo de santo Domingo de la Calzada seguro que nos ayuda en ese reto de descubrir plenamente nuestra vocación bautismal, con el deseo de hacer realidad la propuesta de Jesús: que tengamos vida y vida en abundancia (Cfr. Jn. 10, 10).

 

La celebración de un año Jubilar, que en esta ocasión de nuevo nos congrega en torno al sepulcro de santo Domingo de la Calzada, ha de ser momento y motivo de reencuentro con nuestra fe, que es la misma que impulsó al Santo a su entrega caritativa a los más necesitados de su tiempo. Este tiempo jubilar, nos recuerda que la Iglesia es el lugar por excelencia de la misericordia de Dios. El Jubileo es una ocasión privilegiada de revisión y perdón, de reconciliación ante Cristo, con nosotros mismos y con los demás, para reco-menzar el camino en la búsqueda de una vida más justa y plena.

 

El próximo jueves, 25 de abril, daremos comienzo a nuestro Jubileo calceatense. Me gustaría que este Año Jubilar fuese plenamente diocesano y nos ayudase, por la intercesión de santo Domingo, a vivir con más intensidad la espiritualidad de comunión, como el mejor cimiento que nos conduzca a la misión. Por eso animo a las parroquias, comunidades religiosas, familias cristianas, colegios, delegaciones y secretariados diocesanos, a los movimientos, cofradías y asociaciones de la Diócesis a vivir este momento de gracia como un don y a peregrinar a la catedral de Santo Domingo de la Calzada y visitar la tumba de nuestro Santo patrono. La peregrinación a la tumba del Santo nos ayuda a salir de nosotros mismos, de nuestras rutinas, a desinstalarnos y a caminar juntos hacia un lugar santo, signo de la Jerusalén celeste, en el que veneramos los restos de un auténtico testigo de Jesús.

 

Os aliento, pues, a peregrinar a la capital calceatense con devoción y con gratitud y a elevar nuestra plegaria confiada al Señor, por intercesión del Santo, pidiendo por tantas necesidades personales, familiares, sociales y diocesanas; teniendo especialmente presentes a los pobres y a los enfermos. Que santo Domingo las presente ante el Padre y nos ayude también a llevar adelante nuestra misión diocesana EUNTES.