Agradecimiento creyente

Agradecimiento creyente

Domingo XXVIII del tiempo ordinario
2R 5, 14-17 / Sal 97 / 2Tm 2,8-13 / Lc 17,11-19

 

Ahora conozco que no hay en toda la tierra otro Dios que el de Israel.

Conmueve la frescura del relato que hoy se lee en la primera lectura de la misa. Se trata de la curación extraordinaria de un no creyente y de su ejemplar reacción, recomendable a cualquier creyente de hoy: Reconocimiento de que Dios auxilia y rechazo de los ídolos que no pueden socorrer. Agradecimiento al profeta como intermediario del verdadero Dios y conversión a ese Dios único, expresado en el deseo de llevarse algo de la tierra donde se le rinde culto.

 

“Si lo negamos también él nos negará. Si somos infieles, él permanece fiel”.

A veces nos comportamos con Dios, cuando oramos, como si tuviéramos derecho a exigirle y nos quejamos, juzgando que no responde a nuestras exigencias. Oír la exhortación de San Pablo debiera ayudarnos a cambiar nuestra oración raquítica y egoísta en una oración agradecida, amplia y más viva. Oración de verdaderos creyentes y no de negociantes. Oración de hijos y no de aprovechados advenedizos. Muchos creyentes dejan la oración porque no la consideran rentable a corto plazo ¡No saben lo que se pierden! ¡Y cómo van a sentirlo cuando desaparezcan las apariencias y se manifieste la realidad definitiva!

 

¿No han quedado limpios los diez? ; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero?

Resulta conmovedor y motivante, para los creyentes, que Dios hecho hombre, al curar a diez leprosos, se extrañe y duela de la ingratitud de los nueve fieles y que valore tan positivamente el agradecimiento del infiel. La oración agradecida alcanza el corazón de Dios. No lo olvidemos.