Actualidad de la oración

Actualidad de la oración

Domingo XXIX del tiempo ordinario
Ex 17, 8-13 / Sal 120 / 2Tm 3, 14-4,2 / Lc 18,1-8

 

Mientras Moisés tenía en alto las manos, vencía Israel; mientras las tenía bajadas, vencía Amalec.

El relato del Éxodo, que se lee hoy en las iglesias, puede parecernos desfasado y provocativo. Pero algo nos quiere decir Dios, con la fuerza narrativa del pasaje, que no tiene que ver con violencias y con luchas militares. Y nos dice que, en el campo de la vida, no hay victoria que no dependa de Dios. Y que vence al mal el que ora sin cansarse como Moisés y el que colabora, sin cansarse también, con todo su potencial humano, como Josué.

 

Toda Escritura inspirada por Dios es también útil para enseñar, para reprender, para corregir, para educar en la virtud: así el hombre de Dios estará perfectamente equipado para toda obra buena.

Hoy las batallas no son contra enemigos con espadas, sino contra el mal que se disfraza de propaganda maliciosa, de legislación permisiva, de corrupción, o de placer a toda costa. Y la victoria requiere oración perseverante. Y una forma de oración a la medida del ser humano la encontramos en la biblia, como nos recuerda san Pablo.

 

Jesús decía a sus discípulos una parábola para enseñarles que es necesario orar siempre, sin desfallecer.

Él, Jesús, tiene experiencia porque ora con la confianza y seguridad de un Hijo amado. Se sabe querido y persevera. No se cansa, no desconfía. Y el fruto llega. En este domingo de las misiones apoyemos con oración perseverante y limosna generosa a nuestros misioneros. Ellos dan la batalla en primera fila, nosotros los sostenemos en la retaguardia con la oración, el sacrificio y la limosna. Así vencemos todos, porque difundir el Evangelio tiene asegurado el fruto.