Los ejemplos prácticos de la Palabra de Dios

Domingo 15º del Tiempo Ordinario – Ciclo A

Is 55,10-11; Sal 64, 10.11.12-13.14; Rm 8, 18-23; Mt 13, 1-23

“Así será mi palabra”

El profeta Isaías plasma con un ejemplo cómo son las intervenciones de Dios. Su hablar a los hombres no trata de satisfacer curiosidades vacías ni mera palabrería que de nada sirve a quien la escucha. Como el agua que fecunda la tierra, la Palabra de Dios vivifica, engrandece a quien la recibe y le hace crecer interiormente. Dios nunca hace nada en vano.

“La creación entera está gimiendo toda ella con dolores de parto”

Hoy está muy de moda la naturaleza, la creación, a la que ahora hemos dado en llamar la “casa común”, como si antes no lo fuera. San Pablo, en esos atisbos luminosos que manifiesta en sus cartas, pone de manifiesto la correlación que tiene el hombre, ser inteligente, con el resto de la cración, a la que está ligado, y quien la perfecciona cuando la cuida y la hace más próspera y fecunda. La creación hay que cuidarla y mimarla, no porque nos puede negar sus riquezas o se pueda hacer inhabitable, sino porque, lo mismo que los hombres, ha nacido de las manos de Dios.

“Sarió el sembrador a sembrar”

Es el primer requisito. Si no hay siembra, no hay cosecha; si no hay siembra, da igual que existan pedregales, zarzas o caminos inhospitos donde nada crece ni se desarrolla. Es necesario, por tanto sembrar. Y más en estos tiempos en los que es más importante la propaganda o la imagen que la verdad; donde la moralidad viene marcada por la maniulación, la política o los “influencers”, nueva forma de adocenar el pensamiento. Sin semilla, no hay vida ni puede haber fruto. Por tanto, es importante cuidar la semilla que cae en nuestro corazón, pero si nadie la siembra…, ¿qué podemos esperar? Y no olvides que todos podemos ser sembradores. Anímate.