La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros

La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros

Domingo de la Santítima Trinidad

Éx 34, 4-6, 8-9; Dan 3,52-55; II Cor 13, 11-13; Jn 3, 16-18

“Al instante, Moisés cayó en tierra de rodillas”

Moisés no se resigna a perder los beneficios de Dios por la tozuded de su pueblo. Las tablas labradas por Yahvé las vuelve a reproducir para seguir en conexión con Él. Conoce las debilidades de los suyos y por ellos vuelve a suplicar la amistad con Dios. “Perdona nuestra iniquidad y nuestro pecado, y recíbenos por herencia tuya”. Gran misión la de los sacerdotes; su mediación acerca a Dios incluso a quienes ni tan siquiera quieren reconocerle como su Creador.

“Todos los santos os saludan”

San Pablo ofrece a la comunidad corintia una serie de consejos que dimanan de la nueva vida adquirida por el bautismo. Les anima a la alegría, perfección, unidad, paz, caridad… Virtudes que endulzan la realidad de la vida diaria, a veces empañada por los defectos y egoismos. Son ellas, las virtudes, las que nos acercan a la más maravillosa realidad que hemos heredado en Jesús: la santidad. De ahí que san Pablo ya considere que todos somos santos por vivir esta realidad.

“El que no cree, ya está juzgado”

Quizá pasamos demasiado tiempo en analizar posibilidades que no conocemos ni conoceremos tan siquiera en la vida eterna. El secreto de la redención está en el Hijo que el Padre envió para nuestra salvación. Por tanto, si Jesús vino para salvar al mundo, y hay muchos que se niegan a reconocerlo, la respuesta es muy sencilla. Pero es mejor que sea Dios nuestro Padre quien responda a esta cuestión que ya los discípulos le plantearon a Jesús: “¿Serán muchos los que se van a salvar?”