Vida consagrada y Misión diocesana

Vida consagrada y Misión diocesana

La Voz del Obispo

 

En mi carta pastoral para la Misión en la diócesis, a la hora de considerar a los protagonistas para la Misión, animo a participar en la misma a los religiosos y religiosas, de vida activa y contemplativa, por la gran importancia que tiene su presencia en la tarea evangelizadora de la Iglesia.

 

Soy consciente que dentro de las vocaciones en la Iglesia, una fundamental es la vuestra, la de aquellos que habéis sido llamados por el Señor para seguirle y que habéis sido consagrados y enviados para llevar adelante la misión de Cristo y su Iglesia. “En su llamada está incluida por tanto la tarea de dedicarse totalmente a la misión; más aún, la misma vida consagrada, bajo la acción del Espíritu Santo, que es la fuente de toda vocación y de todo carisma, se hace misión, como lo ha sido la vida entera de Jesús. La profesión de los consejos evangélicos, al hacer a la persona totalmente libre para la causa del Evangelio, muestra también la trascendencia que tiene para la misión. Se debe pues afirmar que la misión es esencial para cada Instituto, no solamente en los de vida apostólica activa, sino también en los de vida contemplativa”. (San Juan Pablo II, Vita Consecrata, 72).

 

Todos los cristianos estamos llamados a adentrarnos en ese dinamismo misionero a través de la conversión personal, a la que tantas veces nos anima el Papa Francisco, para poder constituirnos en auténticos discípulos misioneros. Este es también un reto fundamental para vosotros, miembros de la vida consagrada, pues la experiencia nos dice que cuanto más nos conformamos con Cristo, más lo hacemos presente y operante para la salvación del mundo. Los miembros de la vida consagrada estáis llamados a seguir a Cristo más de cerca, haciendo de Él el “todo” de vuestra existencia, y poder así anunciarlo con alegría a los demás. ¡Cuántos testimonios encontramos de ello entre vosotros!

 

Queridos religiosos y religiosas: vuestra colaboración es necesaria y os animo a que participéis de manera activa de esta gozosa tarea. Estoy persuadido de que con la riqueza de vuestros institutos y vuestra experiencia de servicio al Señor y a los hermanos, podéis aportarnos muchas cosas. Estamos en un momento de maduración de nuestra Misión diocesana. Como indicaba en la carta pastoral, es momento de ir reflexionando entre todos él como llevar adelante nuestra misión en La Rioja en este momento de la historia. Estoy convencido de que el Espíritu Santo nos va a indicar caminos para conseguirlo.

 

Por ello, me gustaría que, en este momento de preparación misionera, hicieseis un primer ejercicio como religiosos que puede dar mucho fruto: os animaría a revisar la fidelidad a vuestro carisma fundacional para ver como incorporarlo a este proceso diocesano de preparación de la Misión y así vernos enriquecidos por vuestras aportaciones, vuestra entrega y vuestro mucho trabajo.

 

Las personas consagradas siempre habéis sido pregoneras entusiastas del Señor Jesús en todo tiempo y lugar, y habéis sabido responder a lo largo de la historia con sabiduría evangélica a los interrogantes que en cada momento han ido brotando de la inquietud del corazón humano y de sus necesidades más urgentes. Vosotros, queridos consagrados y consagradas, estáis siempre en “misión” en virtud de vuestra misma consagración, manifestada según el proyecto de vuestro propio Instituto.

 

Por eso estoy convencido de que de vuestra reflexión, conforme al carisma que Dios en su infinita misericordia entregó a vuestros fundadores, puede surgir mucha luz que enriquezca este momento concreto de nuestra vida diocesana. ¡A ello os animo!