Una alianza nueva

Una alianza nueva

Domingo 5º de Cuaresma

Is 43, 16-21 / Sal 125 / Flp 3, 8-14 / Jn 8, 1-11

 

“No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo; mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis?”

Lo decía de parte de Dios el profeta Isaías y lo cumplió miste-riosamente Jesucristo, cuando de su costado abierto en la cruz manaron, con el agua y la sangre, los sacramentos de la Iglesia, capaces de transformar nuestros resecos corazones. En esta se-mana, que nos separa de los días santos de la pasión y muerte de Cristo, no debiéramos cansarnos de repetir con el salmista: “El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres”.

 

“Sólo busco una cosa: olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que está por delante, corro hacia la meta, para ganar el premio, al que Dios desde arriba llama en Cristo Jesús.”

Son las expresiones que necesitamos oír estos días para vivir la Semana Santa, ya a las puertas, que nos acercará un año más a esa Cruz, que algunos incluso cargarán físicamente en las procesiones, para empaparnos de la sangre liberadora de Cristo y así poder afirmar, con el Apóstol: “Todo lo estimo basura con tal de ganar a Cristo y existir en él”.

 

“Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más.”

La muerte de Cristo, que reviviremos en la semana santa, ha producido por el mundo y a lo largo de la historia frutos de con-versión, de humanización y de entrega, como lo produjo en la mujer adúltera, al ser perdonada. Cristo ha dado esperanza a perseguidos, incomprendidos y rechazados; y ha liberado del vicio y devuelto la dignidad a muchos que la habían perdido. Por eso en la Semana Santa celebramos su muerte, no como aniquilación sino como victoria.