¡Señor, líbranos del mal!

¡Señor, líbranos del mal!

VI domingo del Tiempo Ordinario

 

Lv 13, 1-2.44-46 / Sal 31 / 1Co 1,31-11,1 / Mc 1, 40-45

 

  1. Los males físicos

Nos sorprende y espanta la crueldad de la legislación israelita sobre la lepra, recogida en el libro del Levítico, según leemos en la primera lectura de este domingo. Y nos alegra que Cristo se la salte, se acerque al leproso, lo toque y le conceda la salud, como narra el evangelio de hoy. Pero conviene reconocer que no resultaba fácil en las sociedades primitivas acercarse al mal físico sin contagiarse. Hoy, sin embargo, la medicina ha logrado mejorar la situación del enfermo y sus cuidadores, mediante la higiene, aplicando vacunas, y administrando toda clase de fármacos increíblemente eficaces. ¿Qué hacer, pues, ante el mal físico? Procurar todos los cuidados médicos de que disponemos hoy y acercar, a la vez, a los enfermos a Cristo, que toca, conforta y cura el alma que también se ve afectada cuando el cuerpo sufre.

 

  1. Los escándalos

“No deis motivo de escándalo a los judíos, ni a los griegos, ni a la iglesia de Dios”. Es una invitación del Apóstol San Pablo a los cristianos de Corinto, que necesitamos también escuchar los cristianos de hoy. El escándalo es un mal aún mayor que los males físicos, porque emponzoña el alma e impide a las personas la salvación. “El escándalo es la actitud o el comportamiento que induce a otro a hacer el mal. Adquiere una gravedad particular según la autoridad de quienes lo causan o la debilidad de quienes lo padecen. El escándalo es grave cuando es causado por quienes, por naturaleza o por función, están obligados a enseñar y educar a otros” (Catecismo).

 

“Seguid mi ejemplo, como yo sigo el de Cristo”, añade San Pablo. Es necesario que los creyentes borremos la maldad de los escándalos con la bondad aprendida de Cristo. Nuestra rectitud moral puede limpiar la lepra que corroe a las personas y a las instituciones que rechazan el bien y la verdad.

 

  1. Jesús dice: ¡Quiero, queda limpio!

“Se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: -Si quieres, puedes limpiarme”. Tal vez hoy nos falte esta actitud reverente y confiada ante Cristo, porque se nos ha debilitado la fe y ya no lo reconocemos vivo y presente en su Iglesia. Tal vez nos da vergüenza postrarnos de rodillas en la quietud de nuestras iglesias que permanecen, demasiado tiempo, vacías. Y, tal vez por eso mismo, nos cuesta librarnos de la lepra del pecado, tan peligrosa y más que la lepra física, como enseña el catecismo: “El pecado crea una facilidad para el pecado, engendra el vicio por la repetición de actos. De ahí resultan inclinaciones desviadas que oscurecen la conciencia y corrompen la valoración concreta del bien y del mal. Así el pecado tiende a reproducirse y a reforzarse, pero no puede destruir el sentido moral hasta su raíz”.

 

Es hora de reavivar la fe y acudir a Cristo en el sacramento de la confesión para pedirle limpieza de conciencia y fundirnos después con Él en abrazo sanador en la comunión. Escucharemos del sacerdote en nombre de Cristo: “¡Quiero, queda limpio!” y saldremos renovados y dispuestos a renovarlo todo a nuestro alrededor ¡No nos descuidemos!

 

Ángel Mª Pascual, pascualangelma@hotmail.com

 

Lunes: St 1, 1-11 / Sal 118 / Mc 8, 11-13
Martes: St 1,12-18 / Sal 93 / Mc 8, 14-21
Miércoles de Ceniza. Comienza la Cuaresma, Jl 2,12-18 / Sal 50 / 2Cor 5,20-6,2 / Mt 6,1-6.16-18
Jueves: Dt 30, 15-20 / Sal 1 / Lc 9,22-25
Viernes: Is 58,1-9 a / Sal 50 / Mt 9,14-15
Sábado: Is 58, 9b-14 / Sal 85 / Lc5,27-32