¿Quién nos asegura la salud?

¿Quién nos asegura la salud?

V domingo del Tiempo Ordinario

Jb 7, 1-4. 6-7 / Sal 146 / I Co 9, 16-19. 22-23 / Mc 1, 29-39

 

  1. Sin salud no hay alegría

Escuchar los lamentos del paciente Job, en la primera lectura de este domingo, es como oírnos a nosotros mismos, tantas veces apesadumbrados por fracasos, apuros económicos o falta de salud.

 

Y es que la enfermedad y el sufrimiento se han contado siempre entre los problemas más graves que aquejan la vida humana. En la enfermedad, el hombre experimenta su impotencia, sus límites y su finitud Podemos aprender de hombres creyentes como Job, “que vive la enfermedad de cara a Dios. Ante Dios se lamenta por su enfermedad y de Él que es el Señor de la vida y de la muerte, implora la curación. La enfermedad se convierte en camino de conversión y el perdón de Dios inaugura la curación” (Catecismo).

 

  1. La mejor noticia: ¡La salud asegurada!

San Pablo en su carta a los Corintios, que venimos leyendo hace unos domingos, dice: “Me he hecho débil con los débiles, para ganar a los débiles; me he hecho todo a todos para ganar, sea como sea a algunos. Y hago todo esto por el Evangelio, para participar yo también de sus bienes”.

 

¿Cuáles son esos bienes? Sin duda, la salud integral y plena, que abarca a la entera persona. Es el Evangelio que Pablo, en su tiempo, y la Iglesia hoy, no pueden dejar de anunciar: “Que Cristo no sólo se dejó tocar por los enfermos, sino que hace suyas sus miserias. Sus curaciones eran signos de la venida del Reino de Dios. Anunciaban una curación radical: la victoria sobre el pecado y la muerte por su Pascua. En la Cruz, Cristo tomó sobre sí todo el peso del mal y quitó el pecado del mundo, del que la enfermedad no es sino una consecuencia. Por su pasión y su muerte en la Cruz, Cristo dio un sentido nuevo al sufrimiento: desde entonces éste nos configura con Él y nos une a su pasión redentora” (Catecismo).

 

  1. ¡Hay Alguien que es fuente de salud!

“Le llevaron a Jesús todos los enfermos y poseídos. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios”. Escuchando este relato de San Marcos, nos parece oír el bullicio del gentío y desearíamos haber estado allí, buscando a quien es fuente de salud. Pero, no olvidemos que Cristo vive, ha resucitado, y se hace presente en su Iglesia en la Eucaristía y en los demás sacramentos. Y además he encomendado a los suyos: “¡Sanad a los enfermos! La Iglesia ha recibido esta tarea del Señor e intenta realizarla tanto mediante los cuidados que proporciona a los enfermos, como por la oración de intercesión con la que los acompaña. Cree en la presencia vivificante de Cristo, médico de las almas y de los cuerpos. Esta presencia actúa particularmente a través de los sacramentos, y de manera especial por la Eucaristía, pan que da vida eterna” (Catecismo).

 

No dejemos de acudir a esta fuente de salud ¡la tenemos tan cerca!

 

Ángel Mª Pascual, pascualangelma@hotmail.com

 

Lunes: 1R 8, 1-7. 9-13 / Sal 131 / Mc 6, 53-56
Martes: 1R 8,22-23.27-30 / Sal 83 / Mc 7, 1-13
Miércoles: 1R 10,1-10 / Sal 36 / Mc 7, 14-23
Jueves: 1R 11, 4-13 / Sal 105 / Mc 7, 24-30
Viernes: 1R 11, 29-32; 12,19 / Sal 80 / Mc 7, 31-37
Sábado: 1R 12, 26-32; 13, 33-34 / Sal 105 / Mc 8, 1-10