Oración de un seglar por su párroco

Oración de un seglar por su párroco

Ante todo, Señor, te doy gracias por el hecho de que algunos hombres hayan aceptado tu llamada para ser nuestros párrocos y coadjutores. Si hubiesen preferido una mujer y un hogar, nos sentiríamos huérfanos y solos, sobre todo si eso pasara en todas partes. ¡Gracias, Dios mío, por haberles dado el valor del sacrificio! Por su medio, podemos alimentarnos de Pan de Vida, formar unos hogares cristianos, limpiar nuestras almas y vivir en paz.

 

¡Gracias, Señor, por los defectos de nuestros párrocos! Personas perfectas difícilmente soportarían nuestras debilidades. Los que gozan siempre de buena salud desprecian a los enclenques. Señor, tú sabes muy bien lo que haces.

 

Y ahora, Señor, te pedimos por el ministerio de nuestros párrocos. Que si aciertan no se sientan triunfadores, y si fracasan, no se desanimen. Tu reino no consiste ni en el éxito ni en el fracaso; reside en el amor. Conserva a nuestros curas en el amor.

 

Nuestros curas deben saberlo todo. Tienen que ser pedagogos para los niños, especialistas en cuestiones de hogar para los recién casados, psicólogos para la juventud, unos prodigios de ciencia y delicadeza en el confesonario. En las reuniones deben tratar el problema de la Iglesia como profesores, explicar el Evangelio como los apóstoles en sus visitas a las familias; y deben poder dar un juicio sobre la última novedad del pueblo, para no pasar por hombres toscos, o mal informarnos. Con el obrero, deben saber tratar el problema de la relación entre el capital y el trabajo en sus menores detalles. Con los no creyentes, deben mostrarse teólogos a la vez que firmes y comprensivos e historiadores inteligentes. Con los…, Pero sería cosa de no terminar nunca.

 

Olvidaba decir que en la calle deben contestar todos los saludos. Olvidaba decir que cuando nos reciben deben mostrarse sonrientes, aunque estén medio muertos de cansancio. También iba a pasar por alto que cada domingo deben ser oradores, a veces cantores, organistas… Señor, haz que estos “especialistas” que han de saberlo todo los juzguemos con la indulgencia que exige este programa tan amplio, tan poco humano. Haz que comprendamos que si nuestro cura acierta la mitad o la cuarta parte, debemos darnos por satisfechos. Haz que nosotros comprendamos la enorme dificultad del ministerio de nuestros curas.

 

Señor quiero también pedir que nos hagas caritativos hacia nuestros curas en el pensamiento y especialmente en la palabra.

 

Sin párrocos y en las reuniones de mujeres, haz que yo no vaya diciendo que la parroquia está gobernada por el sexo débil. El cura tiene éxito con los niños, haz que yo no piense que tiene una religión de chiquillos. Si mi cura es grueso, Señor, que yo no vaya a pensar que se da muy buena vida y no se priva de nada, y si es delgado, que no piense que es roído por los remordimientos o se pelea con sus coadjutores.

 

Concédeme, Señor, que yo le perdone sus impaciencias y sus errores; que comprenda bien que yo sólo tengo un cura que soportar y que el tiene encima a todos sus feligreses.

 

Por último, Señor, concédeme la perseverancia en la oración por los sacerdotes. Será, sin duda, lo mejor de todo.

 

(De un semanario de comienzos del siglo XX)