Octubre, mes del Rosario

Octubre, mes del Rosario

LA VOZ DEL OBISPO.

 

En el mes de Octubre de 2002, el Beato Papa Juan Pablo II nos sorprendía con una preciosa Carta Apostólica titulada “El Rosario de la Virgen María”. En ella abogaba por mantener viva y potenciar esta preciosa oración mariana que debía convertirse, en este tercer milenio, en una oración de profundo significado destinada a producir grandes frutos de santidad. “El Rosario, en efecto, aunque se distingue por su carácter mariano, es una oración centrada en la cristología. En la sobriedad de sus partes, concentra en sí la profundidad de todo el mensaje evangélico, del cual es como un compendio. En él resuena la oración de María, su perenne Magnificat por la obra de la Encarnación redentora en su seno virginal. Con él, el pueblo cristiano aprende de María a contemplar la belleza del rostro de Cristo y a experimentar la profundidad de su amor. Mediante el Rosario, el creyente obtiene abundantes gracias, como recibiéndolas de las mismas manos de la Madre del Redentor” (RVM nº1).

 

El rezo del Rosario no es una práctica piadosa del pasado que en este momento ha quedado ya desfasada. El considerar los misterios del Rosario en el sucederse armónico de las Ave Marías recitadas, se convierte en una sencilla pero práctica m editación bíblica, que nos posibilita recorrer los acontecimientos más importantes de la vida del Señor en compañía de Nuestra Madre, conservándolos en nuestro corazón. Recordando la relación inseparable entre la Palabra de Dios y Santa María, el Papa Benedicto XVI animaba también a rezar el santo Rosario en sus misterios gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos acompañando “el anuncio de cada misterio con breves pasajes de la Biblia relacionados con el misterio enunciado, para favorecer así la memorización de algunas expresiones significativas de la Escritura relacionadas con los misterios de la vida de Cristo” (Verbum Domini nº 88).

 

En el trascurrir de los años vienen a mi memoria muchos momentos en los que el rezo del Rosario ha sido protagonista, especialmente de la oración en el seno de mi propia familia. Recuerdo que mis padres nos exhortaban a rezarlo en distintos momentos y a pedir en cada misterio por las necesidades de la familia, de la Iglesia y de todos los hombres. Con especial agrado traigo también a mi memoria la decisión que el Consejo de Pastoral de la Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús de Zaragoza, de la que yo era entonces párroco, tomó al finalizar el año del Rosario en Octubre del 2003: rezar el Rosario de manera comunitaria, antes de la misa de 19.30, todos los días del año. Gracias a Dios, aún perdura esta bella práctica en la vida parroquial.

 

Os invito a vivir con intensidad el mes de Octubre, mes del Santo Rosario. Una interesante iniciativa puede ser el releer la Carta, antes mencionada, sobre el Rosario del Papa Juan Pablo II, poniendo en práctica sus indicaciones en el ámbito personal, familiar y comunitario.

 

A María le encomendamos los trabajos de preparación de nuestra
Misión Diocesana. Que ella nos lleve a todos los diocesanos a una conciencia cada vez más clara de nuestra misión evangelizadora como testigos del Señor Resucitado.