Manos Unidas: 60 años luchando contra el hambre en el mundo

Manos Unidas: 60 años luchando contra el hambre en el mundo

La voz del Obispo

Cada mes de Febrero, Manos Unidas lanza su Campaña contra el Hambre. Este año la Asociación está de celebración es-pecial. Con esta se cumplen 60 años des-de que se inició esta tarea de la mano de un grupo entusiasta de mujeres de Ac-ción Católica. La primera Campaña fue promovida en 1959 y surgió de un mani-fiesto lanzado en 1955 por Unión Mun-dial de Organizaciones Feme-ninas Católicas (UMOFC) que quería plantar cara al hambre en el mundo y derrotarlo. Fue un manifiesto que buscaba remover conciencias y cam-biar las cosas que generaban el hambre en el mundo. Había nacido Manos Unidas. Aque-llas mujeres de Acción Cató-lica se atrevieron a soñar. Co-menzaron con dos acciones sencillas: una cuestación na-cional para conseguir dinero y paliar el hambre en el mun-do a través de algunos pro-yectos y la realización de una jornada de ayuno voluntario que ayudase a tomar conciencia de este gran problema: ayudar allí y concienciar aquí. Han pasado sesenta años y aquel es-quema de trabajo mantiene hoy todo su vigor y sigue siendo el camino que actual-mente Manos Unidas sigue proponiendo.

 

Al final se trataba de concienciar, de suscitar respuestas comprometidas en la sociedad. Nuestro corazón no puede per-manecer indiferente ante tantas situacio-nes de injusticia como hay en el mundo. Y menos nuestro corazón de discípulos de Jesús. El Papa Francisco nos lo recuerda en su preciosa Exhortación sobre la santi-dad, “Gaudete et exultate”, publicada en la fiesta de San José del pasado año: “Cuan-do encuentro a una persona durmiendo a la intemperie, en una noche fría, puedo sen-tir que ese bulto es un imprevisto que me in-terrumpe, un delincuente ocioso, un estor-bo en mi camino, un aguijón molesto para mi conciencia, un problema que deben re-solver los políticos, y quizá hasta una basu-ra que ensucia el espacio público. O puedo reaccionar desde la fe y la caridad, y reco-nocer en él a un ser humano con mi mis-ma dignidad, a una creatura infinitamente amada por el Padre, a una imagen de Dios, a un hermano redimido por Jesucristo. ¡Eso es ser cristianos! ¿O acaso puede entender-se la santidad al margen de este reconoci-miento vivo de la dignidad de todo ser hu-mano?” (nº 98).

 

Sí. El hecho de ser cristianos nos exige una respuesta desde la fe. Manos Unidas nos ayuda a formularla pues pone ante nuestros ojos la realidad del mundo, a tra-vés de los proyectos que realiza en los cin-co continentes y que atienden a tantas personas que lo necesitan. Trabajar por los Derechos Humanos y la dignidad de todo ser humano, como nos exige Francisco, ha sido, desde sus inicios, parte de la misión de Manos Unidas con el fin de conseguir una dignidad propia de todo ser humano sin exclusión. No hay que olvidar que 821 millones de personas padecen hambre en el mundo y, aunque muchas cifras relacio-nadas con la pobreza han mejorado, sigue siendo un escándalo insoportable. Por eso, el trabajo de Manos Uni-das sigue siendo necesario y el compromiso de todas las personas que colaboran con ellos, también.

 

Este año la Campaña del 60 aniversario nos hace po-ner los ojos en la mujer del Si-glo XXI. Y lo hace ayudándo-nos a poner la mirada no sólo en las mujeres de nuestro en-torno, sino en las de todo el mundo. La conclusión a la que llega es inquietante: mu-chas mujeres viven situacio-nes de inseguridad, margina-ción y exclusión en muchos países del mundo, a las que hay salir al paso, para que puedan vivir auténticamente conforme a su dignidad.

 

Por eso un año más os pedimos ayu-da. Los proyectos que se realizan vienen a combatir tantas situaciones de pobreza en el mundo. Pero hacen falta los recur-sos económicos necesarios para poder hacerlos realidad. Piénsalo en la colecta de la Misa de este domingo. Tu limosna, tu aportación generosa es un primer paso necesario para vencer la indiferencia ante tantas personas necesitadas en el mundo. Muchas gracias por tu generosidad.

 

Muchas gracias también a todos los miembros de nuestra Delegación dioce-sana. Son muchos sus desvelos, esfuer-zos y labores calladas. ¡Gracias! Pero siem-pre hacen falta más manos. Tu trabajo, tu tiempo, tu compromiso también pueden ser necesarios. Y Manos Unidas un lugar idóneo para canalizar tus deseos de co-laborar con los más pobres. ¿Te animas a comprometerte?