La voz del Obispo (22 de enero)

La voz del Obispo (22 de enero)

JORNADA DE INFANCIA MISIONERA 2017: “SÍGUEME”

La celebración de la Jornada de Infancia Misionera, el cuarto domingo de enero, es una invitación a las comunidades eclesiales, donde los niños se están iniciando en la vida de la Iglesia con el conocimiento de Jesús, la participación en la eucaristía, la celebración de los sacramentos, el aprendizaje de la vida evangélica y el compromiso apostólico y misionero, a poner sus ojos en los más pequeños de la comunidad cristiana y descubrir en ellos la fuerza evangelizadora que el Señor ha puesto en su corazón.

La Infancia Misionera, que es una de las cuatro obras de las Obras Misionales Pontificias (la más conocida es la de la Propagación de la Fe que cada año organiza la Jornada del Domund), tiene por finalidad al igual que las otras tres infundir en los católicos un espíritu universal y misionero. Pero con un matiz diferencial importante: a diferencia de las otras la Infancia Misionera, llamada también Santa Infancia, destina todos sus esfuerzos a los niños. O, para ser más precisos, son los niños los verdaderos protagonistas de esta Obra misionera. No es solo una obra para los niños, sino más bien una Obra de los niños y con los niños. El origen de esta preciosa idea, como es conocido, nos hace mirar al pasado con gratitud más de 170 años atrás. Un obispo francés, Mons. Charles de Forbin-Janson, viendo que tantos niños morían sin el bautismo en China, y no pudiendo ir personalmente a ayudarlos, decidió fundar una Obra que se dedicase a la evangelización de los niños gracias a la ayuda y colaboración de los mismos niños. Esta colaboración, que se puede sintetizar en el lema “los niños ayudan a los niños”, consiste simplemente en la oración y en la ayuda material. Los niños de la Infancia Misionera rezan todos los días un avemaría por todos los niños del mundo. Desde entonces, la Infancia Misionera se ha extendido por todo el mundo. Son más de 115 los países en donde esta Obra está activa.

Hoy son millones los niños que actualmente se toman en serio esta tarea y con su plegaria infantil y confiada al Padre se hacen de manera natural y sencilla evangelizadores de otros muchos niños. Es verdad que en la actualidad las necesidades siguen siendo muchas, más si cabe que en otros momentos de la historia. Hay millones de niños que sufren hambre —y cientos de ellos mueren cada día—, muchos no pueden ir a la escuela, están en zonas de conflicto bélico o son perseguidos por su fe; otros no pueden acceder a los servicios médicos más elementales. Los huérfanos, los pobres, los refugiados, los enfermos y, sobre todo, aquellos que no conocen todavía a Jesús, todos ellos, están en el centro de las oraciones de nuestros niños.

Por eso hay que ayudarles en el seno de nuestras familias, parroquias, colegios y comunidades a que aprendan a contemplar el rostro de Jesús y a sentir la ternura de su mirada. La Jornada de Infancia Misionera 2017, con su lema “Sígueme”, incide especialmente en este aspecto. Se trata de que los pequeños oigan la invitación de Jesús y respondan con prontitud. Lo constatamos muchas veces: los niños escuchan con atención la invitación que les hacemos a ser el mejor de sus amigos. Y la acogen con la ilusión y la alegría propia de un niño.

Os animo a que ayudemos a nuestros pequeños a descubrirse misioneros y testigos del amor de Dios. Ellos pueden convertirse en magníficos evangelizadores haciendo el bien a los demás

y preocupándose por las necesidades de tantos niños en el mundo que nunca deben dejarnos indiferentes. ¡Os deseo una fecunda jornada de la Infancia Misionera!

+ Carlos Escribano Subías
Obispo de Calahorra y La Calzada – Logroño