La vida consagrada, presencia del amor de Dios

La vida consagrada, presencia del amor de Dios

Cada 2 de Febrero, desde hace más de 20 años, la Iglesia universal, a iniciativa de San Juan Pablo II, celebra la Jornada Mundial de la Vida Consagrada. Coincide con la fiesta litúrgica en la que se hace memoria de la presentación que María y José hicieron de Jesús en el templo “para ofrecerlo al Señor” (Lc 2, 22). Es un día de celebración y acción de gracias a Dios por el don de la vida consagrada en la Iglesia. Así, la Iglesia que peregrina en tierras riojanas, se une a esta acción de gracias por la variedad de carismas que sirven en nuestra Diócesis y por su presencia peculiar y testimonial en medio de la comunidad de creyentes.

 

La vida de los consagrados y consagradas de nuestra diócesis enriquece nuestra vida diocesana. Es el Espíritu el que actúa en su género de vida y nos ayuda a reconocer lo insustituible de su misión en la Iglesia y en el mundo. Es necesario que en esta jornada nuestros hermanos y hermanas consagrados, vuelvan a las fuentes de su vocación, hagan balance de su vida y renueven, a favor de todo el Pueblo de Dios, el compromiso de su consagración. Es verdad que es mucho el desgaste que llevan sobre sus hombros, fruto de una vida entregada, pero es necesario que sigan testimoniando con alegría a los hombres y a las mujeres de nuestro tiempo, en las diversas situaciones, que el Señor es el Amor capaz de colmar el corazón de la persona humana.

 

En el último Sínodo de los Obispos, convocado por el Papa Francisco, el papel de los consagrados fue muy importante por su presencia y aportaciones en los trabajos que allí se desarrollaron a favor de los jóvenes. De hecho, en el Documento Final del Sínodo se hacía referencia a la importancia de su impronta en la tarea evangelizadora de la Iglesia y, singularmente, de los jóvenes: “El don de la vida consagrada que el Espíritu suscita en la Iglesia, tanto en su forma contemplativa como en su forma activa, tiene un especial valor profético, ya que es testimonio gozoso de la gratuidad del amor. Cuando las comunidades religiosas y las nuevas fundaciones viven auténticamente la fraternidad se convierten en escuelas de comunión, centros de oración y de contemplación, lugares de testimonio de diálogo intergeneracional e intercultural y espacios para la evangelización y la caridad. La misión de muchos consagrados y consagradas que cuidan de los últimos en las periferias del mundo manifiesta concretamente la dedicación de una Iglesia en salida. Pese a que en algunas regiones se experimente una disminución numérica y la fatiga del envejecimiento, la vida consagrada sigue siendo fecunda y creativa, en corresponsabilidad con numerosos laicos que comparten el Espíritu y la misión de los diversos carismas. La Iglesia y el mundo no pueden prescindir de este don vocacional, que constituye un gran recurso para nuestro tiempo” (nº 88).

 

Tampoco nosotros podemos prescindir de esta riqueza carismática en nuestra Iglesia diocesana, en este momento en el que estamos desarrollando nuestra Misión Diocesana. Los religiosos en La Rioja pueden ayudar a recibir y dinamizar los trabajos que en este momento estamos desarrollando en todas las parroquias y comunidades y, de un modo singular, los Encuentros EUNTES que se están empezando a poner en marcha en muchos sitios. En palabras de San Juan Pablo II: “Existe realmente una gran necesidad de que la vida consagrada se muestre cada vez más llena de alegría y de Espíritu Santo, se lance con brío por los caminos de la misión y se acredite por la fuerza del  testimonio vivido” (Mensaje con motivo de la I Jornada Mundial de la Vida Consagrada, 1997).

 

En esta ocasión, en nuestra Diócesis, el Señor nos concede la gracia de celebrar esta jornada con la incorporación de un nuevo carisma a nuestra Iglesia de Calahorra y La Calzada – Logroño. Se trata de las Hermanas Hijas de la Altagracia, que se incorporan a Cervera del Río Alhama para atender la residencia de ancianos de la Fundación Hospital de la Purísima Concepción. Damos gracias al Señor por esta nueva Congregación que se incorpora a nuestra Diócesis y pedimos a Santa María que sean muchos los frutos que se generen de su estancia entre nosotros.