“La pedagogía como recurso en los museos diocesanos”

“La pedagogía como recurso en los museos diocesanos”

La Delegación de Patrimonio de la Conferencia Episcopal Española todos los años realiza en distintas ciudades españolas una serie de actos que congrega a quienes están relacionados con el Patrimonio diocesano, además de otros profesionales interesados en el mismo tema.

Este año lo hizo ya, primero en Madrid y luego en Córdoba, y en esta última, además de disfrutar de un apacible tiempo meteorológico y una interesante visita a la ciudad, varios expertos de la pedagogía desgranaron diversos temas tendentes a mostrar la importancia de enseñar a los niños a gustar el mensaje y conocimiento del arte cristiano presente en nuestras iglesias y museos.

El asunto puede parecer baladí, pero es muy importante, a la vez que preocupante. Hoy a los niños se les enseña todo tipo de prácticas, deportes, aficiones, pero no siempre el comportamiento social y el conocimiento veraz de la historia. Si al niño no se le enseña desde pequeño a gustar y entender la maravillosa realidad del arte cristiano, más adelante puede ser que acabe teniendo interés por ello, pero, si no está educado para esta materia, sólo verá una aséptica belleza; nunca llegará a gozar de su contenido.

Porque el arte cristiano tiene una específica característica que no puede separarse de la obra realizada. Tal obra de arte tiene un objetivo importante: ser “la puerta de la trascendencia”, es decir, la ayudar al ser creado a acercarse al Creador y facilitar así su relación con el más allá. La controversia oriental por las imágenes en el siglo octavo dejó bien claro que la obra de arte no sustituye a la divinidad, ni tampoco es ocasión para la idolatría. Sino más bien, la representación que nos facilita nuestra unión con Dios; nos ayuda a orar y a comunicarnos con Él. Pues es mucho más fácil dirigir nuestras oraciones a Dios contemplando una imagen, que haciéndolo sin ese medio visual. Por esta causa, la Iglesia desde los primeros momentos de su historia, una vez superado el miedo a la idolatría del mundo romano, vio en la representación de las imágenes un medio extraordinario para fomentar las devociones y la unión con Dios.

Córdoba nos dejó un estupendo sabor de boca, pues, si importante son estas convocatorias por su contenido y visitas, más lo son por los lazos que se crean entre los diversos participantes. Es alentador ver los esfuerzos e imaginación que otras Diócesis, otros profesionales, ponen para que este rico legado cultural y espiritual pueda llegar a todas las almas, incluidas las sencillas, como puede ser la de los niños.

Pablo Díaz Bodegas, Delegado Episcopal de Patrimonio.