La pastoral con los presos, concreción de la misericordia del Padre

La pastoral con los presos, concreción de la misericordia del Padre

LA VOZ DEL OBISPO.

La celebración de Nuestra Señora de la Merced, cada 24 de Septiembre, nos acerca siempre al mundo de la pastoral penitenciaria y al mundo de los presos.

Desde el primer momento de la historia de la Iglesia, la preocupación por las personas encarceladas nunca fue ajena. “Acordaos de los presos como si estuvierais presos con ellos“. Así nos interpela un signifi cativo texto de la Carta a los Hebreos (Hb 13,3). Es verdad que el deseo de bienestar, nuestro anhelo de seguridad absoluta, el miedo al diferente, el peso de una lógica excluyente y, muchas veces, la ubicación de los propios centros penitenciarios, alejados de los núcleos urbanos, no facilitan este acto de memoria compasiva en favor de los habitantes de esas “periferias” que son los centros penitenciarios.

Por eso creo que en este día de la Merced es de justicia destacar la generosa tarea que se realiza en la cárcel de Logroño por parte de todos los miembros y voluntarios que participan en el Secretariado diocesano de Pastoral Penitenciaria.

Estoy convencido de que su trabajo pastoral, siendo fi eles a las exigencias del Evangelio y al amor misericordioso del Padre hacia todos los hombres, está fundamentado en la profunda convicción de que toda persona necesita el encuentro con Jesucristo, testigo del amor de Dios y salvador que puede liberar de todos los pecados, debilidades y miserias.

Los cristianos somos conscientes de que Jesucristo ofrece a quien cree en Él la verdadera libertad espiritual y moral que alcanzó con la muerte en la cruz para el perdón de los pecados. Esta libertad no puede ser anulada ni limitada por ninguna pena de privación de la libertad de movimiento.

Por eso, y los miembros de la pastoral penitenciaria así lo entienden, el amor cristiano, derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, debe expresarse no sólo en los comportamientos con quienes nos aman a nosotros. El verdadero amor debe manifestarse en el perdón y la oración hacia aquellos que no piensan como nosotros, nos calumnian y persiguen (Cfr. Mateo 5, 44). Esto debe impulsarnos a amar a cada uno de nuestros semejantes, también a los delincuentes ante la ley y la sociedad. Ellos son hijos de Dios y criaturas sagradas dignas de todo respeto y como el propio Jesús nos enseña, se nos hace El mismo presente en su persona (Cfr. Mateo 25).

“La pastoral penitenciaria lleva al ámbito peculiar de los Centros penitenciarios la misión de la Iglesia en su triple dimensión de anuncio del Evangelio de Jesucristo, de celebración de los sacramentos de la fe y de testimonio de la caridad. De esta forma específi ca contribuye la pastoral penitenciaria a la humanización de la convivencia entre los reclusos y de éstos con los funcionarios.

Además, dada la diversidad de creencias religiosas de los internos y el necesario respeto a la libertad religiosa, el testimonio efi caz de la caridad cristiana es el fundamento y motivación de la atención humana que ha de prestarse a todos los reclusos que la soliciten”. (Carta de los Obispos de Ciudad Rodrigo, Salamanca y Zamora sobre la atención pastoral en el Centro Penitenciario de Topas, 2010).

Otro capítulo importante, al que también es necesario atender, son las difi cultades que en ocasiones pueden atravesar los familiares de los reclusos. Nuestra fe en Cristo, rostro de la misericordia del Padre, nos enseña a procurar que los problemas de los hermanos reclusos y las difi cultades que experimentan sus familiares no les afecten solamente a ellos. En muchos casos junto al sufrimiento de las familias de los reclusos está también el de quienes han sido víctimas de la actuación delictiva de los condenados a prisión. Unos y otros tienen que vivir su dolor en la mayor soledad. Es por ello necesaria una respuesta desde evangelio y debemos implicarnos también como comunidad diocesana.

Es mucho el trabajo que se está realizando y que hay que seguir haciendo, por ello os animo a tener presente y a apoyar la labor evangelizadora y humanitaria que realiza nuestra pastoral penitenciaria valorando debidamente su importancia.

En este día, los presentamos ante Nuestra Madre de la Merced para que les siga iluminando en tan importante tarea y puedan seguir presentando este inestimable servicio a tantas personas que lo necesitan.