La fuerza del bautismo cristiano

La fuerza del bautismo cristiano

Fiesta del Bautismo del Señor
Is 42,1-4.6-7 / Sal 28 / Hch 10,34-38 / Mt 3, 13-17

1. Energía para una nueva vida

Conocéis – explica con fuerza San Pedro – lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refi ero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo. Nosotros, que conocemos a Jesús y tratamos de vivir conforme a lo que nos enseña, sabemos por experiencia que sólo con nuestras fuerzas no lo logramos.

En este domingo, que fi naliza el tiempo litúrgico de navidad y da inicio al tiempo ordinario, la iglesia nos recuerda que contamos con la energía recibida en el bautismo para conseguirlo. Por el bautismo –enseña el catecismo- el cristiano se asimila sacramentalmente a Jesús, que anticipa en su bautismo su muerte y resurrección: debe entrar en este misterio de rebajamiento humilde y de arrepentimiento, descender al agua con Jesús, para subir con Él, renacer del agua y del Espíritu para convertirse, en el Hijo, en hijo amado del Padre y vivir una vida nueva.

2. Una fuerza que proviene del cielo y renueva la tierra
Llegó Jesús –leemos en el evangelio de este domingo- desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán. Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia él como una paloma. La escena no puede ser ni más grandiosa ni más llena de misterio, pero pretende transmitirnos algo poco espectacular que comienza a realizarse en el interior de las personas. Lo explica así el catecismo: en el bautismo de Cristo, se abrieron los cielos que el pecado de Adán había cerrado y las aguas fueron santifi cadas por el descenso de Jesús y del Espíritu como preludio de la nueva creación.
En la vida de los santos, que son los bautizados que viven con coherencia su bautismo, se manifi esta, como en nadie, esa fuerza renovadora que proviene del cielo y que renueva las cosas terrenas: ellos vivieron alegres y no tristones; hicieron felices a otros en vez de atosigarse buscando su propia felicidad egoísta; empezaron por reformar su vida y así cambiaron su sociedad y su época; no fueron críticos mordaces, sino impulsores esforzados de una reforma efi caz y duradera.
Así se realiza la nueva creación, querida por Cristo, así debemos renovar nosotros, en el año recién comenzado, esta sociedad nuestra tan rota y desesperada. Si no lo hacemos los bautizados ¿Quién lo va a realizar?

3. El bautismo nos permite alimentarnos de la mesa del Señor
En el bautismo de los niños, el sacerdote les dice a sus padres y padrinos: Este niño, nacido de nuevo por el bautismo, se llama y es hijo de Dios.
Un día recibirá por la confi rmación la plenitud del Espíritu Santo, se acercará al Altar del Señor, participará en la mesa de su sacrifi cio y lo invocará como Padre en medio de su Iglesia. En este domingo sería bueno que renováramos nuestro bautismo y recordáramos, eso que se nos dijo de niños. Y que agradeciéramos el derecho a participar en la mesa de la comunión que Dios prepara para nosotros, acercándonos a ella con fe de niños y con deseos y preparación de adultos.
Ángel Mª Pascual, pascualangelma@hotmail.com