Jóvenes riojanos: peregrinos misioneros

Jóvenes riojanos: peregrinos misioneros

La voz del Obispo.

Una vez culminado el curso escolar y universitario nuestros niños y jóvenes hacen un alto en su tarea ordinaria y durante los meses estivales recuperan fuerzas para afrontar nuevos retos el curso próximo. Desde siempre la Iglesia ha ofrecido, desde distintos ámbitos, actividades especialmente dedicadas a ellos, para ayudarles a aprovechar el tiempo vacacional brindándoles experiencias que les ayuden a crecer como personas y como creyentes. Las iniciativas en nuestra diócesis surgen de parroquias, asociaciones y del mismo Secretariado de Pastoral Juvenil. Es importante cuidar a nuestros niños y jóvenes para que descubran su espacio en la Iglesia y vayan asumiendo que ellos pueden ser evangelizadores privilegiados de otros jóvenes.

El Secretariado diocesano de Pastoral Juvenil ofrece este año una actividad que se divide en dos momentos. En primer lugar una Peregrinación al Santuario de Fátima en Portugal, con motivo del Centenario de las apariciones de la Virgen. En este primer momento se unen al centenar de jóvenes peregrinos riojanos un grupo de jóvenes zaragozanos. Acercar el corazón de nuestros jóvenes a María para que sea ella quien les anime a seguir a Jesús: “haced lo que el os diga” (Jn 2,5). Y a la vez descubrir la figura de aquellos santos pastorcitos, con la que el Señor nos enseña que los más pequeños pueden ser también grandes evangelizadores, son los dos grandes objetivos de esta primera etapa del viaje.

En un segundo momento nos uniremos a la peregrinación a Santiago de Compostela que ha organizado la Acción Católica General y en la que está previsto que participen casi 1.300 jóvenes caminantes de toda España. Una de las cuestiones que siempre suscita el Camino de Santiago es preguntarse qué significa peregrinar, ponerse en camino. Peregrinar, nos recuerda el Papa Francisco, “es imagen del camino que cada persona realiza en su existencia. La vida es una peregrinación y el ser humano es viator, un peregrino que recorre su camino hasta alcanzar la meta anhelada”. (Misericordie Vultus 14). Se trata de ponerse en camino, de salir de nuestra tierra, de nuestras circunstancias. En una palabra, “desinstalarnos” para poder caminar, ligeros de equipaje, con el corazón abierto en busca de los otros y del Otro. El Camino de Santiago es una experiencia espiritual milenaria, un camino de fe recorrido por multitud de peregrinos a lo largo de los siglos en los que se conjugan múltiples aspectos que la hacen una experiencia única.

Como podrán ver nuestros jóvenes caminantes, son muchas las personas que caminan junto al peregrino generando espacios de convivencia y de amistad inolvidables. Las largas caminatas,  el descubrir el valor de la sencillez y la austeridad, las eucaristías del peregrino, las oportunidades de diálogo y encuentro, la experiencia de sentirse acogidos, los espacios de soledad y silencio, los momentos de fatiga y sufrimiento, el vivir con intensidad la naturaleza, todo ello termina engendrando magníficas ocasiones de superación personal y de encuentro con Dios.  Y al final se alcanza la meta: orar con sentimiento de gratitud junto a la tumba del Apóstol Santiago, testigo del Resucitado, cumpliendo una vez más el sueño de tantos y tantos peregrinos a lo largo de la historia.

Surge, si me permitís, una segunda pregunta: ¿Qué sentido tiene el que los que peregrinen en esta ocasión a Fátima y a Santiago sean los jóvenes de nuestras parroquias? El Papa Benedicto nos daba una respuesta en la misa de clausura de la JMJ de Madrid 2011 que da sentido, a mi parecer, a esta actividad pastoral: “De (vuestra) amistad con Jesús nacerá también el impulso que lleva a dar testimonio de la fe en los más diversos ambientes, incluso allí donde hay rechazo o indiferencia. No se puede encontrar a Cristo y no darlo a conocer a los demás. Por tanto, no os guardéis a Cristo para vosotros mismos. Comunicad a los demás la alegría de vuestra fe. El mundo necesita el testimonio de vuestra fe, necesita ciertamente a Dios. (…) También a vosotros os incumbe la extraordinaria tarea de ser discípulos y misioneros de Cristo”.

Nuestros jóvenes deben convertirse en protagonistas de la misión en nuestra Iglesia diocesana y responsabilizarse de la evangelización de los demás jóvenes. Por esta intención os pido  especialmente vuestra oración en los próximos días en que estaremos peregrinando a Fátima y a Santiago: que sean nuestros jóvenes peregrinos auténticos evangelizadores y testigos alegres de Jesús Resucitado.