Jesucristo, nuestro guía

Jesucristo, nuestro guía

IV domingo del Tiempo Ordinario

Dt 18, 15-20 / Sal 94 / ICo 7, 32-35 / Mc 1, 21-28

 

1. Demasiadas opiniones, demasiada confusión
La televisión, los periódicos, la radio, Internet, no dejan de bombardearnos con mil opiniones, comentarios y protestas ¿A quién hacer caso?
En la paz y el silencio de nuestras iglesias resuena otra voz ¿La escuchamos? ¿Tenemos valor para oír la Palabra de Dios que se predica en ellas? ¿O nos pasa como al Pueblo de Israel, que prefería oír a los complacientes adivinos del entorno, en vez de a los exigentes profetas que les hablaban y corregían de parte de Dios?
Dios ha cumplido su promesa, enviando a su Hijo Jesucristo: “Suscitaré un profeta y pondré mis palabras en su boca y dirá lo que yo le mande y a quien no escuche las palabras que pronuncie en mi nombre, yo le pediré cuentas.” ¿Qué interés ponemos en escuchar el evangelio de Jesucristo?
¡Desaparecerán las dudas, que afectan a la conciencia y al corazón, si somos de verdad creyentes en Cristo y oyentes de su Palabra!

 

2. ¿Nos preocupa lo importante?
Seguimos oyendo en este domingo la continuación de la Carta de San Pablo a los Corintios, que hoy nos habla de una vocación de entrega: la de quienes renuncian al bien del matrimonio para ocuparse sólo de Dios y de los hombres, por amor a Dios.

Nuestra sociedad del bienestar la desprecia. Pero los verdaderos creyentes la promueven y fomentan, entendiendo lo que dice el Apóstol: “Os digo esto para vuestro bien, no para poneros una trampa, sino para induciros a una cosa noble y al trato con el Señor sin preocupaciones”.

¿Por qué no nos ocupamos algo más de Dios y un poco menos del bienestar, del dinero, o del ocio? ¿No recibimos de Dios vida y tiempo para todo? ¡Estar con Dios, sin preocupaciones, es la mejor inversión! Si Dios tiene más sitio en nuestra sociedad, florecerán de nuevo las vocaciones sacerdotales, religiosas y de laicos entregados, ¡no lo dudemos!

 

3. ¡Por fin Alguien con autoridad y prestigio reconocido!
“Se quedaron asombrados –leemos en el evangelio de la misa- de la enseñanza de Jesús, porque no enseñaba como los letrados, sino con autoridad”.

¿Estamos convencidos de que Jesucristo es el guía que necesitamos para no desorientarnos en esta confusa sociedad? ¿Dedicamos tiempo a la oración, a la participación en la misa dominical, a alguna actividad religiosa formativa que nos ofrezca la parroquia o la diócesis? Los grupos bíblicos parroquiales, por ejemplo, son una valiosa oferta que nos hacen las parroquias ¿los conocemos? ¿Participamos en ellos?

Lo escribió con gracia San Juan de la Cruz: “Porque en darnos Dios, como nos dio a su Hijo, que es una Palabra suya, que no tiene otra, todo nos lo habló junto y de una vez en esta sola Palabra…; porque lo que hablaba antes en partes a los profetas ya lo ha hablado en el todo, dándonos al Todo, que es su Hijo.”

Con Cristo, pues, orientaremos a tantos desorientados como abundan en nuestra sociedad. Tal vez sin ellos saberlo, esperan que les ayudemos, ¡no los podemos defraudar!

 

Ángel Mª Pascual, pascualangelma@hotmail.com

 

Lunes: 2S 15, 13-14.30; 16, 5-13 a / Sal 3 / Mc 5, 1-20
Martes: 2S 18, 9-10. 14b. 24-25 a. 30 / Sal 85 / Mc 5, 21-43
Miércoles: 2S 24, 2. 9-17 / Sal 31 / Mc 6, 1-6
Jueves: 1R 2,1-4.10-12 / Sal: 1Crón 29,10-12 / Mc 6, 7-13
Viernes: La Presentación del Señor, Ml 3, 1-4 / Sal 23 / Lc 2, 22-40
Sábado: 1R 3, 4-13 / Sal 118 / Mc 6, 30-34