¡Estad alegres, el Señor está cerca!

¡Estad alegres, el Señor está cerca!

Domingo III de Adviento

Is 61, 1-2 a. 10-11 / Sal: Lc 1, 46-50 / 1Ts 5, 16-24 / Jn 1, 6-8. 19-281.

1. “Desbordo de gozo con el Señor y me alegro con mi Dios”

Durante el adviento leemos en la misa palabras consoladoras del profeta Isaías, dirigidas al pueblo judío desterrado en Babilonia después de la destrucción del templo de Jerusalén. Y, como aquel pueblo, nos llenamos de esperanza porque “como el suelo echa sus brotes, como un jardín hace brotar sus semillas, así el Señor hará brotar la justicia y los himnos, ante todos los pueblos”.

 

Dios cumplirá en la Navidad esta promesa si encuentra corazones dispuestos ¿Será el nuestro uno de ellos? ¿Nos preparamos para acoger al Dios encarnado, que viene humilde, pequeño, escondido? ¿Lo acogeremos con alegría como los pastores de Belén o con envidia y recelo como Herodes?

 

¡Ojalá en estos días que faltan para Navidad digamos muchas veces como María: “Se alegra mi espíritu en Dios mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava”! Y, como ella, abramos el corazón con generosidad a Dios que pide posada y no la encuentra.

 

2. “Estad siempre alegres. Sed constantes en orar”

En este tercer domingo de adviento leemos también una exhortación vibrante de San Pablo a los cristianos de Tesalónica, que, ansiosos ante la muerte, se despreocupaban de la vida, que les hacía tediosa y vacía. El apóstol, a ellos y a nosotros, pide constancia en la oración ¿Volvemos a tomárnosla más en serio, recuperando, por ejemplo, el silencio en nuestras iglesias para poder escuchar y hablar con Dios? ¿Intentamos sacar unos minutos en casa para reflexionar y orar a solas, y así capacitarnos para dar más contenido a nuestras conversaciones? ¿Apagamos la televisión para escucharnos unos a otros? Sería, sin duda, un buen propósito para el adviento. Y la navidad, en ese ambiente propicio a la oración, nos traería nueva esperanza y más alegría.

 

3. “En medio de vosotros hay uno que no conocéis”

El tercer domingo de adviento nos invita además a encender en nuestra personal corona de adviento la luz del Bautista, que nos advierte: “En medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, que existía antes que yo y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia”.

 

¿Después de siglos de cristianismo, aún no lo hemos descubierto? ¿No será que nos falta la sencillez de los pastores, la fe de María, el recogimiento y la profundidad de José o la intrepidez de los Magos?

 

Falta menos para la Navidad. No basta con hacer las compras para la cena, calcular lo que gastaremos en regalos, o planificar las fiestas. Hay que agudizar la mirada de fe y conocer al Niño de Belén oculto en la Eucaristía, sufriente en los necesitados y llamando silencioso y paciente a nuestro ruidoso interior. Preparemos el encuentro limpiando el corazón y purificando la conciencia. Hagámonos un poco más niños y, un año más, nos sorprenderá y llenará de gozo la cercana Navidad ¡Qué poco queda!

Ángel Mª Pascual, pascualangelma@hotmail.com

 

Lunes: Jer 23, 5-8 / Sal 71 / Mt 1, 18-24
Martes: Jc 13, 2-7.24-25 a / Sal 70 / Lc 1, 5-25
Miércoles: Is 7, 10-14 / Sal 23 / Lc 1, 26-38
Jueves: Ct 2, 8-14 / Sal 32 / Lc 1, 39-45
Viernes: 1S 1, 24-28 / Sal: 1S2, 1-8 / Lc 1, 46-56
Sábado: Ml 3, 1-4.23.24 / Sal 24 / Lc 1, 57-66