Escuchar con el corazón

Escuchar con el corazón

          Domingo XV del Tiempo ordinario

Is 55, 10-11   /   Sal 64  /   Rm 8, 18-23  /  Mt 13, 1-23

 

  1. Dios se duele ante la cerrazón humana

Porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure”.

Y se alegra cuando encuentra corazones bien dispuestos: “Dichosos vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen. Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron”.

Hoy, tal vez, escuchamos demasiada propaganda, mucha música estridente, abundantes comentarios insustanciales y nos falta tiempo y ganas para escuchar a Dios. Más aún, pensamos que Dios está mudo, lejano, porque no tenemos tiempo ni para Él, ni para sus cosas: las profundas, las de fundamento, las que no pasan.

Se vacían las iglesias y crece el parloteo de corrillos y tertulias y, poco a poco, se secan los corazones. Y nos quedamos sin alma, sin fuerza para el bien y sin ilusión de futuro ¡Algo se puede hacer! ¡Algo podemos hacer entre todos para remover los corazones y abrirlos a Dios!

 

  1. Tiempo para la escucha interior

Aunque el Evangelio se escribe y predica por vez primera en tiempos distintos a los nuestros, no deja de ser actual. Los pájaros que se comen la semilla al borde del camino, son, tal vez hoy, las opiniones infundadas y las críticas corrosivas de los medios de comunicación, contrarios a la fe y a la moral. El terreno pedregoso, la superficialidad de muchas vidas, o la falta de formación, o la educación sin valores. Las zarzas que ahogan la siembra, los placeres desenfrenados, la ganancia a toda costa, y la falta de transparencia y honradez en trabajos y negocios.

Hace falta remover los corazones, con silencio, reflexión y oración, para que la semilla divina pueda dar fruto. Para que los corazones humanos se hagan fecundos y se llenen de humanidad y de gracia divina.

Nuestra entera sociedad reclama hoy esa tierra buena porque se muere de hambre y de pena, debatiéndose en una crisis que no toca fondo. Echa en falta solidez, futuro, valores, y fe.

           

  1. Corazones nuevos

La creación expectante está aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios”. Son palabras de aliento que necesitamos escuchar para envalentonarnos y no andar amedrentados.

El mundo necesita creyentes sinceros, carentes de complejos. Porque está viendo que no hay salida para una sociedad descreída y presuntuosa. Está experimentando los límites de un progreso que parecía imparable y que prometía una felicidad indestructible y se encuentra, sin embargo, frente a continuos fracasos.

Como creyentes aportemos solidez, esperanza y fuerza interior. No basta con inyectar capital en nuestras empresas, hay que renovar los corazones con la gracia de Dios, porque sólo corazones transformados podrán darle otro rumbo a esta sociedad. Escuchando la Palabra de Dios y alimentados por la Eucaristía, ¡podemos hacerlo! ¿Lo intentamos?

 

Ángel Mª Pascual,  pascualangelma@hotmail.com

 

Lunes: Ex 1, 8-14.22  / Sal123 /  Mt 10,34-11,1
Martes: Ex 2, 1-15 a /  Sal 68 /  Mt 11, 20-24
Miércoles: Ex 3, 1-6. 9-12 /  Sal 102  /  Mt 11, 25-27
Jueves: Ex 3, 13-20  / Sal: 104 / Mt  11, 28-30
Viernes: Ex 11, 10-12, 14  /  Sal 115  /  Mt 12, 1-8
Sábado: SANTA MARÍA MAGDALENA,