Siglo XIX. Tiempos complicados

En el siglo XIX asistimos a la decadencia de esta iglesia debido, sobre todo, al proceso desamortizador que motivó la reducción del culto al tener que restringir el personal en las tres instituciones que funcionaban entre sus muros: la parroquia y cofradías, el cabildo y capellanías y la Real Capilla de Cristo y sus capellanes. La economía de la colegial se vió marcada por continuos procesos de regresión que, además de la ya citada desamortización, tuvieron su importancia como son la supresión de los diezmos y primicias y la reducción de las rentas.

Desde su entrada en la diócesis el año 1815 el obispo Puyal y Poveda, visto el estado irregular de confusión y desorden en que se hallaban las parroquias de la ciudad de Logroño, por no tener demarcados y señalados los límites de su respectivo territorio y hallarse cada vecino en libertad de elegir la parroquia a que quisiere acogerse, nombró una comisión encargada de estructurar una nueva división, esta territorial, en la que incorporada la parroquia de San Bartolomé a la de Palacio, la de San Blas a la Redonda, a las tres restantes, Santa María de la Redonda, Santa María de Palacio y de Santiago, se les señalaban sus límites con la proporción e igualdad posibles y daban a cada una como seiscientos vecinos de los mil ochocientos y poco más que componían el vecindario.

El concordato entre el Papa Gregorio XVI y la reina Isabel II firmado en marzo de 1851 afectó a la Redonda como colegiata y como parroquia. Para el nuevo esquema diocesano interesaba lo siguiente:

La silla episcopal de Calahorra y La Calzada se trasladará a Logroño, cuando en esta ciudad se halle todo dispuesto al efecto y se estime oportuno, oídos el prelado y los cabildos (art. 5).

La colegiata de Albelda queda reducida a iglesia parroquial con un párroco y varios beneficiados para el servicio pastoral y decoro del culto (art. 21).

Respecto al traslado de la sede, vistos los informes sobre el templo más adecuado para para el culto catedralicio, dentro de las tres parroquias logroñesas se eligió la de Santa María de la Redonda. Se verificaron las obras pertinentes, pero la dura resistencia de los fieles calagurritanos durante medio siglo y la intervención del arzobispo Cascajares para impedir el traslado, altamente influyente en la Corte, hicieron abortar el cumplimiento de lo concordado sobre el traslado de la sede a Logroño.