1- Capilla de la Paz

 Las capillas laterales eran un lugar privilegiado para familias nobles y adineradas de la ciudad. Con sus capellanes y servicios religiosos, gozaban del derecho de enterramiento.

Ellas lo costeaban con su mecenazgo o fundación. Aquí tenemos un panteón sepulcral, con sus inscripciones funerarias y entoldado con un arco de profusa ornamentación plateresca.

Hans de Balduch, conocido en el mundo del arte como Maestre Anse, fue el artífice de toda esta exquisita realización artística, contenida en la capilla.

Preside el sepulcro un espectacular relieve de la Resurrección de Jesús, de gran efecto estético y pedagógico.

El material es nogal policromado. Graciosa la figura del Señor Resucitado, a un lado un grupo de soldados con agudas caras de sorpresa y a su izquierda unas piadosas mujeres con vestiduras de corte flamenco que quieren cerciorarse del misterioso acontecimiento. Acertadísimo y sugestivo el movimiento de estas buenas Marías.

El retablito que preside la capilla es todo un modelo de proporción, equilibrio y buen gusto.

La virgen María con su Hijo, bajo la advocación de la Paz, es la obra más importante del autor. Rostro de bondad, que esboza una delicada sonrisa, mientras la túnica de seda se escurre sobre el elegante busto de gran Señora.

Todas las demás esculturas están mimadas hasta el ultimo detalle: los encantadores relieves de la Anunciación, Nacimiento y Huida a Egipto.

Los movimientos sutiles del peregrino Santiago, como escapándose, que si no fuera por las verjas continuaría su camino hacia Compostela.

La elegancia de gestos de Santa Catalina y el ardor de San Sebastián. Impresionante imagen del Ecce Hommo, Dios y Hombre, expuesto como en una custodia en aquel bacón de Jerusalén, acompañado por los apóstoles Pedro y Pablo, que miran consternados hacia un pueblo que llora arrepentido por tan desfigurado como le han puesto nuestros pecados. Y en lo alto, el Calvario, con figuras dolientes del Cristo Crucificado, acompañando la Virgen María, la Magdalena y el discípulo