De Colegiata a Concatedral

La desafortunada ley de desamortización hizo que en el siglo XIX la iglesia redujera su actividad, pues hubo que suprimir personal, la economía entró en regresión y los diezmos, primicias y rentas se vieron reducidas.

Este hecho produjo también un cierto desorden en las parroquias, de Logroño que el obispo Puyal y Poveda trató de paliar, en 1815,  demarcando y señalando nuevos límites entre ellas. Es el momento en que San Bartolomé se incorpora a Palacio y San Blas a la Redonda, quedando las tres principales, Santa María de la Redonda, Santa María de Palacio y Santiago, perfectamente delimitadas e igualadas con unos seiscientos vecinos cada una.

En 1851 comienza una nueva etapa para La Redonda que culminará en 1959 cuando el Papa Juan XXIII le concede el título de Concatedral y queda incorporada al título diocesano, que, a partir de entonces, será de Calahorra y La Calzada-Logroño.

Su origen arranca del concordato de 1851 y este texto: “La silla episcopal de Calahorra y La Calzada se trasladará a Logroño, cuando en esta ciudad se halle todo dispuesto al efecto y se estime oportuno, oídos el prelado y los cabildos (art. 5).

De las tres disponibles, la de menor inconveniente era La Redonda, y hacia ello se encaminaron las reformas necesarias. En este periodo se acomete la consolidación de las las columnas del templo, la instalación de calefacción y la construcción del deambulatorio y casa parroquial con la sacristía, sala capitular, y otras dependencias.

El traslado nunca se realizó por la fuerte oposición de Calahorra y las sus revueltas callejeras de los habitantes del lugar.