7 – Capilla del Santo Cristo

Lo que hoy se puede contemplar no tiene nada que ver con la capilla original, dadas las transformaciones sufridas.

La primitiva era una de las cabeceras del templo dedicada a san Ignacio de Antioquía, y allí, ya en 1562 la cofradía de la Concepción había solicitado trasladar su retablo, pero lo que se trasladó, no sin una encendida polémica, fue el del Cristo, llamado de “Los Labradores”, de profunda devoción, el cual compartía el presbiterio.

Esta capilla fue la que D. Pedro González de Castillo eligió para su sepultura, y así en 1625 sale a concurso la obra que ampliará la capilla y la dotará de sacristía, derribando dos casas adquiridas situadas en la cabecera de la fábrica. Fue la primera transformación del espacio, que quedó ampliado por su parte derecha y trasera, donde se ubicó la sacristía de la capilla. El constructor fue Pedro de Aguilera, ayudado por Juan de Solano, que es quien derriba las casas. La obra finaliza en 1630, tres años después de la muerte del obispo. Se aislaba con una verja, la cual es la que hoy cierra el espacio entre las dos torres al exterior.

D. Pedro, como queda dicho, eligió La Redonda para su descanso etreno y para ello mandó construir este sepulcro, dispuesto en arco de triunfo, con arcosolio de medio punto entre columnas toscanas pareadas, entablamento y frontón curvo roto por su escudo de armas. Es obra de Pedro de Aguilera entre 1626 y 1627.

La imagen orante en madera del difunto, siguiendo la costumbre de la época, mira fijamente la imagen a la que profesaba gran devoción: el “Cristo de lo Labradores”. La escultura es del tallista Juan Bazcardo y policromada por el pintor Diego de Arteaga, de los mismos años. La inscripción latina dice: “Pedro Gonzalez del Castillo Obispo de Calahorra y La Calzada, murió el año 1627, dia 5 de agosto, a la edad de 65 años”.

El retablo, compuesto de banco, cuerpo en tres calles y ático,  con columnas corintias entorchadas y frontones triangular y redondo, es de estilo clasicista de entre  1626-27, obra del tracista Pedro Jiménez, el escultor Juan Bazcardo y los pintores policromadores Diego de Arteaga y Mateo Ruiz de Zenzano.

En el banco, relieves de los evangelistas san Marcos, san Juan (adviértase que aparece con cabello largo y barba), san Mateo y san Lucas; entre ellos, relieves del Lavatorio de los pies, sagrario con Cristo Salvador del Mundo y a los costados los patronos diocesanos, san Emetrio y san Celedonio, y a la parte derecha la Oración en el Huerto de los Olivos.

En el cuerpo, las “Columnas de la Iglesia”, los apóstoles san Pedro y san Pablo, con las virtudes  de la Fe y Esperanza sobre ellos, flanquean al Cristo de los Labradores, imagen hispanoflamenca de finales del siglo XV; y sobre él, en el frontón, pintura del Padre Eterno, con pintura de las virtudes de la Prudencia y Templanza a los lados.

En el entrepisos, los cuatro santos Padres de la Iglesia; san Jorónimo y san Agustín a la izquierda, y san Gregorio Magno y san Ambrosio de Milán a la derecha, y en el centro la delicada Inmaculada obra de Gregorio Fernández del siglo XVII. Los escudos de los lados son del Obispo, y el del coronamiento, del rey Felipe III, protector de la capilla. Le acompañan pinturas ilusionistas del siglo XVIII, y en las pechinas de la cúpula, escudos del Obispo.