4- Capilla de la Visitación

La capilla sufrió diversos avatares a lo largo de su nacimiento, apareciendo en el plano de 1530 como la del Arcediano Martín Ruiz de Munilla, protonotario apostólico y arcediano, y así fue, pues en 1516 compró el terreno que luego ocuparía la capilla, la que quedaría dedicada a la Visitación, pidiendo en su testamento que se la dotara de retablo y hornamentos. Pero una desastrosa administración de la misma agotó la dotación y quedó llena de goteras y a punto de ruina. Los encargados de llevarla adelante quedó en manos de los Enciso, concretamente de Juan de Enciso; la madre de éste, María de Arta, en 1635 ante el desastre, cedió los derechos a Francisco de Arriaga y tras éste la adquirieron los Salazar, quienes la dotaron de retablo y ricos hornamentos, especialmente quien fue obispo de Barcelona fray Benito Salazar, cuyo escudo aparece en las verjas.
El retablo, de banco, cuerpo y ático, con salomónicas pareadas de uvas, es barroco de finales del siglo XVII, obra de Francisco de La Cueva.

La iconografía es la siguiente: ocupando el espacio destinado para un sagrario, en la predela, se encuentra san Blas; en el cuerpo La Visitación de María a su prima Isabel, titular de la capilla, y en el ático, san Millán de la Cogolla en la batalla de Hacinas, denominado, emulando a Santiago, “San Millán Matamoros”.

Haciendo juego con el retablo enfrente se ven las puertas del archivo familiar.

El recinto se encuentra cerrado con un espléndida verja barroca de la misma época que el retablo, con diversos escudos nobiliarios de la familia.

En esta capilla, en el subsuelo (según su última voluntad) descansan los restos de doña María Portocarrero y Fernández de Córdoba, abuela de la emperatriz Eugenia de Montijo.