El acompañamiento personal como tarea pastoral

El acompañamiento personal como tarea pastoral

La voz del Obispo

El presente curso estamos trabajando en nuestra diócesis la recepción de la Evangelii Gaudium para poder desarrollar sus contenidos en los años venideros en nuestra pastoral. Me gustaría detenerme en esta ocasión en uno de esos contenidos, el acompañamiento personal, que el Papa propone dentro de la profundización de la tarea de evangelización como un recurso de sumo interés y que en muchas ocasiones ha quedado un tanto olvidado en nuestra praxis pastoral habitual.

Francisco habla de acompañamiento en diversos lugares de la Evangelii Gaudium. En un primer momento lo propone en un sentido amplio: “La comunidad evangelizadora se dispone a acompañar. Acompaña a la humanidad en todos sus procesos, por más duros y prolongados que sean. Sabe de esperas largas y de aguante apostólico” (EvG 24). Y añade que la Iglesia debe acompañar con misericordia y paciencia. “Sin disminuir el valor del ideal evangélico, hay que acompañar con misericordia y paciencia las etapas posibles de crecimiento de las personas que se van construyendo día a día” (EvG 44).

Pero también propone la palabra acompañamiento en un sentido más concreto. Cuando en la Evangelii Gaudium habla expresamente del anuncio del evangelio, destaca la importancia del acompañamiento personal. El Papa afirma que la Iglesia tiene la responsabilidad de iniciar en el arte del acompañamiento a sacerdotes, religiosos y laicos (Cfr. EvG 169); que mediante el acompañamiento personal podemos ayudar para que las personas avancen más y más hacia Dios en quien podemos alcanzar la verdadera libertad (Cfr. 170); y que necesitamos acompañantes que, desde su experiencia, conozcan los procesos donde campea la prudencia, la capacidad de comprensión, el arte de esperar, la docilidad al Espíritu (Cfr. 171).

Es cierto que en los últimos años en muchos foros eclesiales se está hablando de acompañamiento. Lo vemos en el magisterio de los papas, los planes pastorales de las diócesis o de las congregaciones, las programaciones pastorales, las publicaciones, y, por supuesto, en la práctica pastoral. Hay que destacar que la celebración del último Jubileo también puso en valor el acompañamiento, como una forma para expresar la misericordia. Además la convocatoria de un nuevo Sínodo de Obispos, en esta ocasión con el tema de los jóvenes, es una muestra evidente de lo que estoy afirmando, porque uno de sus puntos destacados será el acompañamiento personal.

Es interesante detenerse en el documento preparatorio al próximo Sínodo. Cuando se pretenden acompañar procesos de discernimiento personal que buscan promover un encuentro personal con Jesús, que abre a un discipulado consciente y que encamina a la misión o a la evangelización activa, el documento propone unas convicciones que pueden convertirse en camino para iluminar nuestra tarea de acompañar procesos personales de nuestra gente, que nos conduzcan a un acompañamiento personal y, especialmente, al acompañamiento espiritual: “En la base de discernimiento podemos identificar tres convicciones, muy arraigadas en la experiencia de cada ser humano releída a la luz de la fe y de la tradición cristiana. La primera es que el Espíritu de Dios actúa en el corazón de cada hombre y de cada mujer a través de sentimientos y deseos que se conectan a ideas, imágenes y proyectos. Escuchando con atención, el ser humano tiene la posibilidad de interpretar estas señales. La segunda convicción es que el corazón humano debido a su debilidad y al pecado, se presenta normalmente divido a causa de la atracción de reclamos diferentes, o incluso opuestos. La tercera convicción es que, en cualquier caso, el camino de la vida impone decidir, porque no se puede permanecer indefinidamente en la indeterminación. Pero es necesario dotarse de los instrumentos para reconocer la llamada del Señor a la alegría del amor y elegir responder a ella”.

Es necesario tomarnos en serio la tarea de ayudar a la gente de nuestras parroquias y comunidades, de cualquier edad y condición, a discernir ante la llamada del Señor y a responder a ella con alegría y audacia. Esta tarea entiendo que se convierte en un reto pastoral que hay que asumir, desarrollar y consolidar en nuestra diócesis en los próximos años. Pues no podemos olvidar, y lo sabemos por experiencia, que el evangelio es significativo solo cuando el hombre se encuentra auténticamente con Cristo, responde a su llamada y, como consecuencia de este encuentro, se convierte en discípulo misionero (Cfr. EvG 119).