Dios nunca defrauda

Dios nunca defrauda

Domingo 6º del tiempo ordinario

Jr 17,  5-8 / Sal 1 / 1Co 15, 12. 16-20 / Lc 6, 17.20-26

 

“Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza. Será un árbol plantado junto al agua”

El profeta Jeremías y el salmo primero nos hablan en este domingo de dos caminos: el de la confianza en Dios, que lleva a la vida y el de la confianza exclusiva en lo humano que lleva a la muerte ¿Cuál escogemos? Fiémonos de Dios y no seremos defraudados.

 

“Cristo ha resucitado de entre los muertos y es primicia de los que han muerto”

Trabajemos para esa vida de resucitados con Cristo y dejemos nuestros afanes desmedidos por lo terreno. Valoremos lo que nos abre a la trascendencia, como lo hicieron lo santos ¡No seremos defraudados!

 

Jesús, levantando los ojos hacia sus discípulos, les decía: “Bienaventurados los pobres porque vuestro es el reino de Dios”.

Jesús, a través de estas palabras suyas, transmitidas por san Lucas “no habla de una pobreza “de espíritu” sino de ser “pobres” a secas, y así nos invita a una exis-tencia austera y despojada. De este modo, nos convoca a compartir la vida de los más necesita-dos, la vida que llevaron los apóstoles, y en definitiva a configurarnos con Él, que siendo rico se hizo pobre” (Papa Francisco: Alegraos y regocijaos, nº 70). Solo fiándose de Dios se puede vivir así y se consigue ser plenamente feliz ¿Lo intentamos?