Dios nos quiere

Dios  nos quiere

Domingo 3º del Tiempo Ordinario

Neh 8, 2-4ª.5-6.8-10 / Sal 18 / 1Cor 12, 12-30 / Lc 1, 1-4; 4,14-21

 

“Este día está consagrado al Señor ¡No os pongáis tristes, pues el gozo del Señor es vuestra fuerza”.

El pueblo de Israel experimentó, en el largo destierro que padeció lejos de Jerusalén y del templo, la tristeza por la ausencia de Dios. Por eso, al volver del destierro, celebra gran fiesta al escuchar de nuevo la Palabra de Dios ¿No estaremos nosotros también sintiendo tristeza por el olvido y el rechazo de Dios? ¡Volvamos a Él! Escuchemos su Palabra en la celebración gozosa de la misa dominical y se alegrará nuestro corazón y mejoraremos como personas y mejorarán las familias y nuestro mundo.

 

“Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo espíritu, para formar un solo cuerpo”

San Pablo nos recuerda que a la Iglesia, cuerpo de Cristo, la mantiene Dios, viva y unida, por medio del Espíritu Santo, que se nos da en el Bautismo. Si nos dejamos guiar por Él, la Iglesia será “en Cristo sacramento o signo e instrumento de la unión íntima con Dios de la unidad de todo el género humano” (Lumen Gentium, 1). Y logrará la humanidad liberarse de luchas y divisiones que le impiden colmar sus ansias de libertad y de felicidad.

 

“El Espíritu del Señor está sobre mí porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista”.

Jesucristo es “Buena noticia”. Así lo sintieron los pobres, los cautivos, los ciegos, los oprimidos, que lo encontraron por los caminos y pueblos de Galilea. Porque no se desentendía de sus dolencias, ni les recriminaba sus desgracias, sino que los tocaba, los curaba y los quería. Pongamos también nosotros los ojos en Cristo. Él es la Buena noticia, el Evangelio que esperamos. El que nuestro mundo necesita.