¿Dejó huella Jesucristo fuera de Israel?

Cada Semana Santa se nos ofrezcen documentales donde “expertos” historiadores ponen en duda no sólo la muerte de Jesús, sino también su existencia.
No es problema nuevo. Ya se puso en duda hace siglos, y especialmente con autores como A. Kalthoff, P. Jensen, A. Drews, que consideran a Cristo como un personaje mitológico, producto de un sincretismo religioso difundido en el Asia Menor, cuya idea fundamental era la de un Dios salvador que muere y resucita.
¿Existió Cristo realmente?
La negación de la existencia histórica de Cristo hay que considerarla como una aberración de la crítica radical, pues su paso por este mundo es una verdad científicamente comprobada.
A) Fuentes históricas de la vida de Cristo
a) Fuentes cristianas: Los racionalistas han combatido el valor histórico de los Evangelios y de las Cartas de San Pablo. Pero la crítica científica más severa de todos los tiempos se ha visto obligada a admitir su valor histórico. Existen también Evangelios apócrifos, que aunque fruto de imaginaciones exaltadas y compuestos con miras apologéticas, son también un testimonio de lo que se creía cuando se escribieron.
b) Fuentes no cristianas: Hay que admitir, en primer lugar, que no son muy abundantes los testimonios extra cristianos sobre Cristo. Pero existen referencias de autores no cristianos que demuestran suficientemente su existencia.
1. Fuentes judías:
– Flavio Josefa, uno de los judíos mejor situados, dentro de la era apostólica, escribió, hacia el año 96, una obra Antigüedades judías de gran valor para conocer la historia judía del tiempo de Cristo.
En las Antigüedades judías, XX, 9, 1, llama a Santiago el Menor, «hermano de Jesús, el llamado Cristo».
Y en XVIII, 3, 3 de la misma obra habla expresamente de la vida de Cristo en un pasaje, que, aunque tal como hoy se conserva, parece manipulado por un cristiano, sin embargo, está fuera de duda que en él, Flavio Josefo, se refería originariamente a la vida de Cristo.
– En la tradición talmúdica también existen alusiones a la existencia histórica de Cristo y a su influjo sobre el pueblo judío. Sus milagros son considerados como obras de magia.
2. Fuentes paganas:
– Tácito, en sus Anales, XV, 44, hablando de la persecución de Nerón contra los cristianos, alude a la ejecución capital de Cristo por obra de Poncio Pilato.
– Suetonio, en la Vida de Claudio, XXV, 3 4, dice que el emperador expulsó a los judíos por los disturbios que causaban en Roma a causa de un tal Cresto. La crítica moderna ve en este pasaje un paralelo de Hechos de los Apóstoles, 17, 2, en que también se habla de una expulsión de los judíos de Roma. Suetonio, mal informado, habría confundido a los primeros predicadores del Evangelio en Roma con el mismo Cristo. Chrestos = Christus.
– Plinio el Joven: Hacia el año 112, en su famosa carta al emperador Trajano, dice que los cristianos de Bitinia, en sus funciones religiosas, entonaban cánticos a Cristo como si fuera un Dios.
– Es ciertamente espúrea la correspondencia epistolar del príncipe Abgar de Edesa con Cristo. Y lo mismo hay que decir de la Relación de Pilato al emperador Tiberio sobre la muerte y resurrección de Cristo. Es también muy posterior la carta de Léntulo al Senado, en la que se describe la personalidad física de Jesús. Tampoco resiste a la crítica histórica la carta del sirio Mara a su hijo Serapión, en la que se habla de Cristo como del Rey Sabio.
B) Cronología de Cristo:
Nacimiento: Hacia el año 526 el monje escita, Dionisio el Exiguo, hizo algunos cálculos para fijar la fecha del nacimiento de Cristo, y señaló el año 753 de la fundación de Roma. Pero según la cronología moderna, Dionisio el Exiguo se equivocó en cuatro años. El nacimiento de Cristo habría que situarlo hacia el año 749. Por tanto, nuestra era va con un retraso de cuatro años.
Vida pública: Algunos autores modernos, Van Beber. Belser, etc., fundándose en el testimonio de algún Padre de la Iglesia, la restringen a un año de duración. Pero la mayoría de los autores se inclinan por dos años y medio.
Muerte: Como Cristo empezó su actividad pública a los treinta años (Lc 3, 23), su muerte habrá que situarla hacia el año 32-33.