Acoger la Exhortación de Francisco sobre la alegría del amor (La voz del Obispo)

Acoger la Exhortación de Francisco sobre la alegría del amor (La voz del Obispo)

El día de San José de 2016 el Papa Francisco regaló a la Iglesia su segunda Exhortación Apostólica postsinodal “Amoris Laeticia”, después de la “Evangelii Gaudium”. Ambos documentos son objeto de estudio y de acogida en nuestra programación diocesana para que iluminen nuestra tarea evangelizadora en los próximos años. Me consta y agradezco el esfuerzo que estáis realizando en parroquias, comunidades y movimientos para llevar adelante este cometido. En concreto, respecto a la “Amoris Laetitia”, agradezco el esfuerzo de nuestro secretariado de Pastoral Familiar por hacer que sus contenidos impregnen nuestra pastoral familiar los próximos cursos llevando adelante distintas iniciativas.

“Amoris Laetitia, es un documento largo, rico, lleno de matices y de propuestas pastorales, cargado de ternura y misericordia y, como el mismo Papa afirma, con los pies en el suelo (Cfr. Amoris Laeticia (AL 6). Os invito a ir leyéndolo de manera paulatina, para sacarle más partido y dejar que ilumine nuestra situación personal, familiar y pastoral.

Así, a lo largo del segundo capítulo, y siguiendo muy de cerca las aportaciones de los padres sinodales, Francisco analiza la realidad y los desafíos que la familia tiene hoy en día. Son muchas las circunstancias que eclipsan la luz del Evangelio de la familia y que impiden que este pueda ser descubierto y vivido en plenitud, generando muchas situaciones de crisis familiar, expresión de la propia fragilidad humana y de la pobreza social y económica, que deben ser acompañadas y discernidas por la Iglesia. Antes, en el primer capítulo, se nos presenta las ricas referencias que en la Sagrada Escritura se encuentran sobre la familia. La Biblia está plagada de historias de amor y de crisis familiares, desde la primera página hasta la última (Cfr. AL 8). Es bueno tomar nota de las citas que aparecen y leerlas dejándose sorprender, una vez más, por la fuerza de la Palabra de Dios en la vida de las familias.

Los capítulos 3, 4 y 9 entiendo que pueden ser muy hermosos de leer para los matrimonios y las familias. La reflexión sobre el don del amor en el matrimonio, expuesto en un precioso comentario al “Himno de la Caridad” de san Pablo (1 Co 13, 4-7), facilita el poder describir las características del amor que permiten a los esposos descubrir la fuerza que tiene para ellos y en su proyecto de familia, la caridad conyugal. El capítulo tercero, repasa el riquísimo Magisterio que se ha desarrollado en la Iglesia desde el Concilio Vaticano II sobre el matrimonio y la familia; desde la belleza de esas propuestas se invita a los esposos a descubrir que son llamados por el Señor a vivir su vocación al matrimonio y a la familia en el sacramento del matrimonio. El descubrirse Iglesia doméstica, ayudará a las familias a asumir su tarea de ser sujetos de evangelización, protagonistas de una responsabilidad que nadie puede sustituir. El capítulo noveno hace una preciosa propuesta sobre la espiritualidad conyugal y familiar que puede orientar a muchas familias a crecer como tales, edificando auténticamente sobre roca (cf. Mt 7).

Los capítulos 5 y 7 nos invitan a poner la mirada sobre los hijos en el proyecto del matrimonio y a valorarlos como un auténtico don de Dios. En definitiva, es descubrir que el amor se vuelve fecundo moviendo a los esposos a convertirse en padres y a tomar conciencia de la determinante importancia que ellos tienen en la educación de sus hijos.

El capitulo octavo nos exhorta a acompañar, discernir en integrar las situaciones de fragilidad que encontramos tantas veces en la vida de las familias. Tantos matrimonios rotos que deben ser acompañados por otras familias y por las comunidades cristianas.

Se trata de arriesgar, de complicarse la vida a favor de los demás y de implicarnos en la solución de sus problemas; de diseñar, en definitiva, una nueva pastoral que ilumine y acompañe estas situaciones. Son muchos los divorcios que se dan en nuestra sociedad. Prevenir el que no ocurran es una urgencia pastoral.

Y el capítulo sexto, que dejamos para el final, se convierte en un reto a la hora de diseñar y fortalecer nuestra pastoral familiar, también en nuestra diócesis.

Lanza el reto de anunciar hoy el Evangelio de la familia, de renovar los cursillos de novios, de acompañar los primeros años del matrimonio o de asumir el zarpazo de la muerte de un ser querido en nuestra vida. Los destinatarios prioritarios de esta parte son los miembros del Secretariado de Pastoral Familiar y

los agentes de pastoral familiar en las parroquias. Estamos ante un gran reto que el Papa plantea a toda la Iglesia. Igual que estamos haciendo con la “Evangelii Gaudium” debemos ir conociendo poco a poco la exhortación y dejando que fecunde nuestra pastoral. ¡A la Sagrada Familia de Nazaret se lo pedimos!